9 lecciones que deberías saber si estás entrenando obsesivamente

A menudo cuando entrenamos, sentimos ese “gusanillo” interior que nos hace querer entrenar más, mejorar y llegar más lejos. Esta motivación generalmente es positiva y nos ayuda a conseguir nuestros objetivos de rendimiento.

El problema llega cuando esta motivación se convierte en una obsesión, que supone una presión añadida y la posibilidad de estar descuidando otros asuntos importantes. En este artículo veremos, de la mano del reputado Steve Magness, algunas de las lecciones que él mismo aprendió tras obsesionarse y fracasar en el deporte.

Ser realmente bueno en algo a temprana edad reduce tu mundo

Cuando desde muy jóvenes destacamos de manera sustancial en un deporte o actividad, da la sensación de que nada más importa, a parte de mejorar en esa disciplina. Esta afirmación es errónea y peligrosa, según Magness, necesitamos mentores en ese mundo que ayuden a los jóvenes atletas con una perspectiva más amplia. También asegura que desarrollar la capacidad de “alejar el foco” y ver las cosas desde otro ángulo es una de las mejores habilidades que puedes desarrollar deportivamente.

Dan Lorang
Foto: Instagram / Dan Lorang / @tino_pohlmann_photography

El trabajo duro es importante, pero también lo es la recuperación

En cuanto a recuperación no solo se refiere al descanso posterior al entrenamiento, también habla del ocio y la vida social. De encontrar otros pasatiempos fuera de nuestra disciplina deportiva que nos ayuden a relajarnos y aliviar la presión.

De hecho, Magness respaldaba su afirmación con datos, ya que los científicos que han ganado el Premio Nobel tenían hasta tres veces más probabilidades de tener un hobby que aquellos que solo se centraban en su trabajo. Necesitamos un descanso.

La obsesión puede ser tanto un regalo como una maldición

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Esta famosa frase también se puede aplicar al mundo del deporte, la obsesión, si eres capaz de manejarla y orientarla en tu favor será una gran ayuda para conseguir tus metas. Pero si dejas que la obsesión te nuble la cabeza terminarás por sentirte muy frustrado y tendrás más probabilidades de fracasar.

Que tu identidad no sea aquello que haces

Es posible que a raíz de ser bueno en un deporte y dedicarle mucho tiempo se convierta en nuestro tema de conversación recurrente y centremos nuestra personalidad en torno a lo que hacemos.

Esto es muy peligroso porque indirectamente estamos ligando nuestro éxito deportivo a nuestra personalidad, por lo que, en el caso de que fracasemos en nuestra disciplina, lo tomaremos como un fracaso de nuestro propio ser, nos sentiremos como un fracaso. Pero fracasar es parte del deporte y de la vida y eso no nos hace peores personas, por eso hay que aprender a separar.

No te compares

Las comparaciones carecen de contexto, tendemos a ser las personas más criticas (y no siempre de manera constructiva) con nosotros mismos. Pensar demasiado en el pasado y en momentos anteriores en los que el rendimiento fue mejor no te ayudará en el presente, simplemente funcionó antes y ahora puede que la misma fórmula no de resultados. Concéntrate mejor en lo que puedes hacer para mejorar ahora.

Sebastian Kienle Sgrai100
Foto: SGrail100

Mantener las cosas en perspectiva

Las personas que te apoyan (realmente) estarán allí cuando triunfes y cuando fracases, a nadie más le importa si puedes hacer un circuito en más o menos tiempo salvo a ellos. Las personas que se van, que dejan de apoyarte, realmente no importan.

La pasión es una herramienta, no lo que debes hacer

La pasión es algo que se aplica, no se trata de ningún poder sobrenatural que va a solucionar todos tus problemas, es un sentimiento que nace de la convergencia de interés, obsesión y curiosidad. Los intereses te permiten investigar y explorar diferentes lugares, date tiempo para filtrar esos intereses y alimentar aquellos que parezcan prometedores, el tiempo te dará muchas lecciones sin que tu tengas que hacer nada.

No permitas que tus metas te agobien

Las metas son un buen instrumento motivacional, nos divierte y enorgullece alcanzar un hito personal, hasta que pasan de ser aspiraciones a un lastre. Sin darnos cuenta aquellos objetivos diseñados para empujarnos hacia delante pueden acabar por agobiarnos. No puedes controlar si alguna vez podrás lograr correr un kilometro en un tiempo autoimpuesto, pero si puedes controlar si mejoras como deportista o persona.

No fuerces, deja que todo fluya

Tanto en la vida cotidiana como en la deportiva, sufrirás altibajos, algunos bajones muy deprimentes incluso, te cuestionarás si merece la pena seguir esforzándote o sentirás que nada de lo que has hecho tiene sentido. No te rindas, pero tampoco te fuerces.

Cuando fuerzas las cosas para que ocurran, te presionas, sientes ansiedad y comienzas a empujar tus principios más allá del limite que te marcaste al principio, no permitas que eso ocurra. No puedes guiar tu camino hacia el éxito, pero puedes trabajar para estar en una posición más favorable para alcanzarlo.

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