“Al lupus no lo veo como mi enemigo, lo veo como un aprendizaje”

Carmen Freile fue diagnosticada con lupus hace 20 años. Aunque en un principio temió a lo que le deparaba el futuro con respecto a la enfermedad, el tiempo le hizo caer en cuenta de que existía un propósito detrás de lo que estaba pasando con su salud: apoyar a otras mujeres con la misma condición.

Tras la muerte de su padre, Freile fue golpeada por el dolor de la pérdida, y ese mismo año, la incertidumbre de un diagnóstico inesperado llegó a su vida con el objetivo de cambiarla para siempre.

El lupus es una enfermedad autoinmune que ataca diferentes órganos, incluso la memoria. De acuerdo a la Lupus Foundation of America, al menos cinco millones de personas en el mundo viven con la enfermedad, de las cuales, el 90% son mujeres.

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Uno de los síntomas que afecta la vida de quienes poseen esta condición, es la fatiga lúpica, misma que ha impactado fuertemente en las actividades cotidianas de Carmen. “Al principio tuve mucho miedo porque me dieron un año de vida (…). Pero gracias al apoyo de mi familia pude escoger entre dos caminos: el papel de víctima o seguir adelante con el diagnóstico”, mencionó en una conversación con Revista Hogar.

Según contó la coach integral, sobrellevar la enfermedad no ha sido una tarea fácil, puesto que comprende una situación bastante compleja que se basa, mayormente, en el estado emocional de la lleva.

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“Es como un lobo invisible”, dijo Freile sobre el lupus, y comentó que aprender a vivir con él no es un trabajo que se centre únicamente en mejorar la salud, sino que también comprende una labor interna, es decir, una búsqueda personal de fortaleza y motivación para enfrentar los retos que podrían presentarse en el camino. “Uno se enfrenta a sus propios demonios, y trabajarlo no es fácil”.

Cuatro años atrás, durante uno de sus chequeos médicos, Carmen descubrió que no podía tener hijos, y aunque en un principio la noticia le ocasionó un gran impacto emocional, hoy agradece lo ocurrido. “Puedo decir que Dios es un sabio, y fue una de las mejores decisiones porque el tema de la fatiga en mi caso, no es tan fácil de llevar”.

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Aunque durante muchos años vio a la enfermedad con recelo, decidió que las cosas debían cambiar, y escribió una carta cuyo destinatario era el lupus. En ella, hacía las paces con aquel compañero intangible, y le daba un nuevo significado dentro de su destino. “Al lupus no lo veo como mi enemigo, lo veo como un aprendizaje”, comentó.

Ahora, Freile desarrolla un programa llamado ‘La plenitud del amor propio”, que tiene como objetivo apoyar a las mujeres que han sido diagnosticadas con la condición autoinmune. “No es tan fácil decir ‘amo la vida’ (…) pero con trabajo se puede lograr”.