Bruce Springsteen gana otra batalla en Only the Strong Survive: lo que perdura es la belleza

Artista: Bruce Springsteen. Álbum: Only the Strong Survive. Canciones: Only the Strong Survive, Soul Days, Nightshift, Do I Love You (Indeed I Do), The Sun Ain’t Gonna Shine Anymore, Turn Back the Hands of Time, When She Was My Girl, Hey, Western Union Man, I Wish It Would Rain, Don’t Play That Song, Any Other Way, I Forgot to Be Your Lover, 7 Rooms of Gloom, What Becomes of the Brokenhearted y Someday We’ll Be Together. Sello: Sony Music. Nuestra opinión: muy bueno.

Se escribieron libros enteros para discutir si el rock es o no un poder transformador en lo social. Por un lado están los que sostienen que el género está obligado a ser explícito, “militante”, que tiene la revolución en el ADN y que una canción sin consigna es una oportunidad desperdiciada. Su contraparte piensa que la belleza es más que suficiente como elemento de cambio, que generarle a un oyente un estado de bienestar con una melodía amena y una letra poética lo va a influenciar positivamente más que cualquier panfleto. Y también hay gente que cree que en la variedad está la diversión, desde ya: uno de ellos es Bruce Springsteen, que grabó dos discos de covers en toda su carrera y cada uno está inscripto en una de estas dos vertientes supuestamente opuestas.

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El Jefe no descubrió la protesta en 2006: de hecho Born in the USA es eso, una canción de protesta, aunque los patrioteros de mente corta la hayan entendido como un festejo de la norteamericanidad. Sin embargo, fue aquel año en el que grabó We Shall Overcome: the Seeger Sessions, un álbum de versiones de temas folk popularizadas por el trovador Pete Seeger. Springsteen miró a su alrededor y decidió que el mundo necesitaba arenga: los modos burdos y las guerras arbitrarias de su presidente George W. Bush pedían oposición clara y directa, y por eso hizo su aporte de música con fuerte carga política.

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Ahora lanza su segundo elepé de canciones ajenas: Only the Strong Survive, dedicado a la era dorada del soul y el R&B entre los 60 y los 80. La premisa acá es muy distinta: la apuesta es a echar un manto de luz sobre una época oscura en la que todo está, justamente, atravesado por la discusión política poco racional y muy brutal. Mientras las “grietas” se multiplican en todo el planeta, Springsteen elige correrse y hacer su parte para descomprimir: “Son canciones que fueron como una epifanía para mí, que me hacen feliz, y que si las canto también pueden hacer felices a mis fans”, explicó. Esa es su motivación: contagiar alegría.

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Para eso eligió un set sin hits rutilantes (hay canciones de The Temptations, Aretha Franklin, Diana Ross & The Supremes, The Commodores, The Four Tops, Al Kooper…) del que se adueñó sin tampoco volverlo irreconocible. Cuando se apartó del arreglo original (por ejemplo en “Don’t Play That Song”, interpretada por Aretha) lo hizo para darle entrada a un sonido fibroso, de banda numerosa y presencia de las guitarras, pero no descartó las cuerdas o los coros femeninos en pos de una pretensión rockera. En otras canciones (como “Nightshift”, que en sí misma es un tributo a Marvin Gaye y Jackie Wilson) se limitó a respetar las estructuras para que el gran cambio a notar sea su voz. “En mis memorias hice una pequeña confesión diciendo que no me consideraba un gran cantante. Pero una vez que comencé con este proyecto, después de escuchar algunas de las cosas que grabamos, ¡pensé que mi voz era genial!”, contó y ese redescubrimiento del placer de ser, nada más (y nada menos) que cantante, es el disfrute que más se transmite en la escucha. Se lo nota divertido, vibrante, lúdico, a años luz de la hiperproducción del pop actual. Y mientras tanto las letras, cargadas de amor y desamor juvenil, son un pasaje a épocas más simples en las que todavía se podía ser inocente.

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Sin intenciones de sonar actual, el Jefe nos regala la celebración de un anacronismo que es muchísimo más que haber envejecido y no congeniar con la onda de hoy: es, por el contrario, una batalla personal por demostrar que lo bello que funcionaba ayer puede seguir funcionando hoy, que las experiencias individuales pueden traducirse a lo grupal y que nunca es tarde para encontrarse con una melodía que nos doble la vida. Así, Only the Strong Survive cumple con su objetivo revulsivo: las canciones pasan y las sonrisas quedan.

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