¿El mundial nos trastorna la cabeza? – Actualidad

La hinchada argentina está atenta a cada señal de su equipo. Lo emocional se siente en cada rincón del país en que a través de la radio o el televisor se escuchan las últimas noticias deportivas respecto al mundial en Qatar.

En una situación donde la crisis económica en Argentina se vive en cada momento de la vida cotidiana, La Prensa dialogó con dos psiquiatras especializados en el deporte sobre cómo impacta en la población argentina lo que sucede en una cancha a miles de kilómetros de distancia.

“El deporte es un producto de la cultura y desde el psicoanálisis lo que vemos es que también es un medio del que se vale la cultura para poder liberar lo que en su génesis esta misma coarta, que es toda la los impulsos y las pulsiones agresivas”, explicó a La Prensa el médico psiquiatra Ricardo Rubinstein, autor del libro Deportes al diván y miembro titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

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 Luego agregó que “La cultura en su génesis coarta tanto la libre expresión de la vida sexual como de las pulsiones agresivas. En el caso del deporte, de una manera controlada, ésta permite que las posiciones agresivas se liberen y por eso aparecen todos los medios de arbitrar de vuelta el control de la agresión por todas las reglas y los fallos que se van estableciendo en los distintos deportes”.

El especialista también detalló que: “El deporte consta de tres elementos básicos: el placer del movimiento, el juego y la competencia. El elemento del juego es el que hace que cuando uno participa de un deporte logre meterse en otro mundo, evadirse de la realidad cotidiana y meterse en ese mundo del juego”.

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La percepción del hincha es que “lo que transcurre allí es real, pero está como suspendido en la realidad cotidiana. Y el elemento de la competencia es el que se da con el rival. Y el adversario tiene a su vez una significación en la cabeza de cada uno de los que lo practican, que puede ser el semejante, el hermano en la rivalidad fraterna, o lo que también vemos que es la rivalidad edípica. El otro puesto en el lugar de la figura paterna”.

Para Rubinstein “Quiénes practican o ven deporte, al observar la actividad deportiva, se identifican con los participantes y liberan buena parte de toda esta energía agresiva o libidinal a través de ese proceso de identificación. Esto se da en quienes lo hacen a través de un equipo todos los fines de semana y se da más aún cuando se trata de él una representación a nivel nacional. Allí la identificación es con todos los habitantes de la propia patria”.

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Con respecto a cómo el deporte permite la evasión de los problemas que pueden aquejar a una población en crisis, el escritor enfatizó que: “Tanto el proceso de evasión como la sensación de ganar y el estar bien o el estar mal son cuestiones que duran un rato, duran un tiempo en general corto, justamente porque es un espectáculo. Lo mismo pasa cuando uno va a ver algún otro tipo de evento artístico o musical, se evade por un rato y esto dura lo que dura”.

Consultado sobre cuánto serviría un mundial para evadir la realidad, el médico psiquiatra fue determinante al mencionar el efecto de la pandemia en la gente y su percepción de las situaciones críticas. “Creo que hay efectos relativos a lo que ha ocurrido con la pandemia. Hay cuestiones relativas a toda la situación económica y social y la situación de crisis, y creo que eso hace que la posibilidad de evasión a través del fútbol en este momento sea bastante menor que lo que era en otros momentos”, concluyó el médico psiquiatra Ricardo Rubinstein.

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PASIÓN DE MULTITUDES

Por otra parte, Laura Spaccarotella, psicóloga del deporte, también dialogó con La Prensa sobre la impresión que tendrá un mundial en los argentinos.

“El impacto cuando se trata de un mundial es intenso para todos. Se ponen en juego valores, emociones, pensamientos y representaciones que tienen que ver con encarnar a un país a través del deporte, en nuestro caso, el más popular”, enfatizó la integrante del Capítulo de salud mental y deporte de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

Un mundial de fútbol en la Argentina es una buena excusa para ver los partidos en familia, o con amigos, lo que es señalado como una sana costumbre y que, en otras partes del mundo, no se practica. “El mundial favorece emociones positivas ya desde el punto de vista de los encuentros: con familias, amigos, compañeros de trabajo. El favorecer lazos con otros es de por sí favorable y si el equipo nacional gana, mejor. Se activan neuro trasmisores como la dopamina, serotonina, endorfinas, aparece la euforia, sensaciones de bienestar, de motivación y alegría. Se produce la burbuja del fútbol, todo se tiñe de él y en nuestro caso de celeste y blanco, desde los rostros que se pintan hasta los distintos cotillones. Nos unimos como nunca y vivimos una gran ilusión. Nos sentimos plenos”, subrayó la psicóloga con un posgrado en actividad física y salud.

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El perder un partido se puede vivir de distintas formas según la cultura deportiva de cada país. “Si se pierde comienza a resquebrajarse la ilusión, el espectador se frustra, se deprime, algunos critican al DT, a algún jugador, a la propuesta de juego, a la vida, a la FIFA, es la contracara del amor, cómo en toda pasión, el enojo se vive con intensidad. Cada cultura lo vivencia distinto, hay quienes van por la cerveza a un pub o quienes la pasamos mejor al calor de pizzas y empanadas”, resaltó Spaccarotella.

Luego agregó que: “El perder y el ganar tienen un significado personal, con los resultados de los partidos se re actualizan pérdidas, fracasos, y fantasías omnipotentes de poder contra todo, y a la vez desde lo colectivo se desdibujan las fronteras de lo real, el tiempo se detiene, el mundial transcurre en una temporalidad especial”.

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Consultada sobre el difícil contexto económico que el país atraviesa, la especialista dijo que: “observo que muchos no quieren meterse de lleno a soñar con el mundial, como no queriendo exponerse a una decepción más, y están a la espera de los primeros resultados, pero aun así con expectativas”.

Finalmente, concluyó explicando que los resultados “van a condicionar el modo en que se salga del trance. No es lo mismo salir en la primera ronda, clasificado a la segunda o levantar la copa. Para muchos levantar la copa puede ser una ilusión, para otros puede ser la única, pero nadie queda fuera del clima que genera un mundial y el contagio de emociones”.

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