El tudense Manu Garrido, campeón del mundo de piragüismo maratón

Día de gloria, de inmensa felicidad personal, de cosecha al trabajo realizado durante muchos años. Una victoria para enmarcar en La de Manu, el restaurante del que es copropietario Manu Garrido, y desde el que se ve el río Miño, su lugar habitual de entrenamientos. Seguramente, más de una vez tuvo que ‘escaparse’ el del Kayak Tudense en los últimos meses para entrenar con la vista puesta en el Campeonato del Mundo de ayer en Ponte da Lima, a 40 minutos de casa, en una ‘Meca’ de su deporte. “Trabajé mucho para esto”, expresa el canoísta. La motivación era máxima, poder colgarse el primer oro de su carrera deportiva animado por amigos y familiares. Que no pararon de animar a Garrido, muy emocionado al conquistar la victoria. Y, como muchas recetas que hace diariamente en su local, fue cocinada con acierto, paciencia y valentía. Dejando los minutos necesarios para la cocción y poniendo el punto de picante necesario para romper la prueba reina de canoa en el cauce del río Lima.

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La final tenía como principal favorito al grovense Tono Campos y sus seis títulos mundiales. En la nómina de candidatos también figuraba el húngaro Marton Kover o el local luso Sergio Maciel. La salida, a pesar de que la prueba es de dos horas, resultó rápida y decisiva. En la primera vuelta, Campos acumuló los problemas. Hasta tres toques seguidos en la curva, momentos antes de llegar al porteo y dentro de él. Cedió unos metros y, cuando giraron la cabeza, Garrido y Kover vieron que era el momento de ejecutar. Se mezclaban todos los ingredientes para hervir la prueba. El tudense y el húngaro no lo dudaron. Paleo tras paleo pusieron la cocina de la final al máximo de potencia. Era el momento de romperla y lo hicieron. Había el riesgo que, de poner tanta presión, pudieran quemarse porque era preciso mantener el gas dos horas. No obstante, el único ‘chamuscado’ resultó el portugués Sergio Maciel. Se quedó en la segunda vuelta y se fundió. No terminó ni en el podio. 

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La diferencia creció y creció hasta quedar claro que el título sería para uno de los dos. No había más comensales en la mesa del oro mundialista.  Y Manu Garrido tenía la sartén por el mango, la pota por el asa o como sea. Esto pasaba por el porteo. Canoa en mano, era mucho más rápido que un Kover lento a la carrera, seguramente limitado por una lesión de rodilla de este verano. Sus piernas no iban, faltaban kilómetros, y sí resultaban ágiles las del tudense. Tenía mucho trabajo detrás, entradas y salidas del Miño, sprint explosivo y, como es necesario en una buena preparación, un cuerpo llevado al extremo, casi sin grasa. Los músculos y las venas se marcaban en el cuerpo de Garrido. 

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Y, así, en ese último porteo, en la ‘small lap’ final, dejó atrás al húngaro y ya no esperó al  relevo. Se marchó hacia la victoria soñada de forma inexorable. Los 1.000 metros finales fueron como el reposar de un buen arroz de marisco. Todo estaba hecho, quedaba esperar el tiempo hasta la llegada para celebrar la victoria. Una receta de oro y plagada de emoción. Voló la pala, levantó los brazos Garrido y se emocionó en el río Lima, con su gente al lado. Día de felicidad extrema. Un triunfo buscado a lo largo de toda una carrera y que llegó a los 33 años. 

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Iván Alonso termina cuarto

El también tudense Iván Alonso (Piragüismo Olívico) finalizó ayer en la cuarta posición en la final de K1 de piragüismo maratón. En una prueba dura y de gran nivel, el tudense careció de sprint final tras el último porteo en el que buscó salir entre los primeros, pero no pudo. Ganó el sudafricano Andrew Birkett (2h 08:25.95), que dio la sorpresa ante el portugués Jose Ramalho (a 1.10) y el danés Mads Pedersen (a 1.42), lastrado por sus errores en los porteos. El de Tui terminó en el ingrato chocolate (a 5.69). El local Pimenta, especialista en pista, explotó.

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