“Empecé a perdonarme y a quererme”

Natalie Pérez, a sus 35, asegura que está feliz con la decisión que tomó hace ya algún tiempo de lanzarse a cantar su propia música. Dice que “lo peor ya pasó” y después de deshacerse de varias etiquetas que llevaba encima, disfruta de un gran presente en lo laboral y personal, rodeada de sus animales y sus plantas.

En los últimos años, la cantante llevó a cabo una profunda desintoxicación que abarcó varios ámbitos de su vida. Ese proceso quedó reflejado en las canciones que componen su segundo disco, Detox, que lanzó en 2020.

Se trató de una etapa clave, en la que aprendió, sobre todo, a quererse a ella misma, perdonarse y perdonar.

Mientras se prepara para debutar en el verano con “El divorcio”, la obra que protagonizará con Luciano Castro, Leticia Brédice y Pablo Rago, que se estrenará en diciembre en Mar del Plata, Natalie armó las valijas y viajó a Bariloche, donde fue parte de la segunda edición del Movistar Ski Day & Night en el Cerro Catedral.

En Bariloche, la cantante visitó el parador La Roca, ubicado a 1.800 msnm, y disfrutó de una bajada nocturna en la pista Diente de Caballo.


En Bariloche, la cantante visitó el parador La Roca, ubicado a 1.800 msnm, y disfrutó de una bajada nocturna en la pista Diente de Caballo.

A las 7 de la mañana, en la pista Punta Nevada, a más de 2.000 msnm, la actriz dialogó con Clarín ​sobre su gran momento antes de tomar una clase de ski rodeada de la nieve en un entorno de extrema belleza natural.

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-¿Cómo estás con lo musical?

-Voy a sacar un cover en inglés, versionado al español, que va a ser como la puerta a la nueva era musical que me espera y estoy armando mi tercer disco.

-No te animabas a cantar hasta que un momento, a los 30, te lanzaste…

-Desde la actuación me tocó cantar muchas veces porque en todas las novelas infanto-juveniles que hice siempre tenía que cantar. Por una razón u otra me hacían cantar. Entonces sentía que estaba bueno porque era a través de un personaje. Empecé a quedar en obras musicales de teatro y todo el mundo me decía ‘dale, canta, está bueno’. En mi casa siempre me dijeron que tenía que cantar y yo decía ‘no me animo’.

-¿Por qué no te animabas?

-Me parecía muy íntima la situación de cantar, sobre todo la de componer. Sentía que a través de un personaje había una máscara, algo que me estaba protegiendo. Quizás era eso: un miedo, un pudor de escribir mis canciones, mis historias y cantarlas, ponerle la voz. La voz refleja todos nuestros estados. Cuando estás emocionado, enseguida se ve.

Natalie cantó junto a 'No te va a gustar' en el Estadio Único de La Plata. Foto: Instagram.


Natalie cantó junto a ‘No te va a gustar’ en el Estadio Único de La Plata. Foto: Instagram.

-¿Qué hizo que te decidieras a mostrarte sin esa máscara?

-Que un día dije ‘se me está pasando la vida, la juventud y todo’ y creo que está bueno intentar hacer las cosas que a uno le gustan. No quedarse con las ganas. Yo siempre digo: que si vos laburas y no jodes al otro, tenés que hacer lo que te gusta. O por lo menos intentarlo. Si no, siempre hay otros nuevos caminos por tomar. Pero dije ¿y me voy a quedar con esta sensación de qué hubiera sido?, si es algo que lo re puedo hacer, es algo artístico, me formé para esto, ¿qué me traba? Entonces fue eso, decir ‘che ya no soy más una adolescente’. Soy una mujer joven pero bueno, se pasan los años también. Me empezó a dar miedo y dije ‘es ahora, tiene que ser ahora’. Entonces fue medio como un impulso a probar.

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-¿Fue más el miedo a quedarte sin saber qué hubiera pasado, que el miedo que por ahí implicaba animarte?

-Total. Re… porque ya había tenido muchas experiencias de cantar en vivo en teatros, con otra cosa, con un personaje, con muchas cosas que estaban atrás… Entonces, una vez que hice tantos musicales y grabé tantos discos de otras cosas, ya había tenido esa experiencia de estar arriba del escenario cantando, que ya no tenía tanto miedo. Dije bueno, afino, puedo cantar, me banqué tantas obras de teatro, tantas horas, no puede ser tan difícil.

-Has comentado que estás en la búsqueda de tu identidad musical, ¿esto se traslada también a vos como persona?

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-Sí, claro. Escribir para un artista, o para cualquier persona, está buenísimo porque es como ir al psicólogo un poco, hacés una catarsis. La letra viene de historias, de anécdotas, de momentos, de experiencias. Entonces estar escribiendo todo eso, automáticamente modifica mi presente todo el tiempo. Porque voy aprendiendo de mí misma, de otras situaciones. Veo, leo y escucho las primeras canciones que hice y obviamente digo ‘ay no, por qué puse esto’. Es una evolución también, es parte del camino, nadie nace sabiendo nada, entonces voy aprendiendo de todo. De mí sobre todo.

-Y ¿qué es lo que buscas?

-Además de la identidad musical, que es mi búsqueda, también es una búsqueda personal, de evolucionar en todos los sentidos, de ser mejor persona, de cuando alguien me dice algo responder bien y no responder mal… Estoy buscando evolucionar o mi mejor versión que creo que nunca se termina… Es como cuando te acercas al horizonte y el horizonte siempre está lejos, pero también eso es una motivación para seguir avanzando. Entonces es un poco eso. La perfección no existe, ir en búsqueda de la perfección quizá te puede enloquecer, pero digo cómo acercarse a lo mejor de uno en todo sentido.

-¿Sos muy autoexigente?

-Yo no me había dado cuenta que era autoexigente, me lo empezaron a decir distintas personas: mi profe de guitarra, mi profe de canto, mis amigas. Pero yo no me daba cuenta de esa exigencia que tenía conmigo misma. Que la tengo, pero también soy como súper relajada, me perdono un montón de cosas. Estoy aprendiendo, me equivoco y creo que de ahí se arranca. Aprender a equivocarse, aceptar los errores, perdonarse, perdonar a los demás…

Natalie Pérez, en el último Cosquín Rock. Foto: Instagram.


Natalie Pérez, en el último Cosquín Rock. Foto: Instagram.
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-Cuando lanzaste ‘Detox’ dijiste que tenía que ver con años tóxicos que atravesaste, ¿cómo fueron esos años?

-Estaba trabajando demasiado, demasiado, demasiado… Toda mi vida no paré de trabajar. Y siento también que en ese exceso de trabajo estaba tapando quizás otras cosas… como ¿cuándo te dedicas un rato para vos?, sea ir al psicólogo, hacer gimnasia, ir a pintarme las uñas o a teñirme el pelo. Siempre evitaba todos esos momentos. Era trabajo, trabajo, trabajo. Y eso te contamina porque uno también tiene que tener una vida social, que este trabajo de repente tiene que querés ir a bailar con tus amigas y si estás en la novela del momento es un caos. Entonces me empecé como a encerrar mucho, mi vida, mi guarida, mi casa, mi guitarra, mis animales… Y después que a veces quizá uno no toma buenas elecciones y no tiene buenas juntas, por decirlo de alguna forma. Son compañías divertidas para un momento y después sentís que ya no es más por ahí.

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-¿Qué fue lo que más cambió en vos durante esos años tóxicos?

-Quizás lo que cambió en mí tenga que ver con la inseguridad y la seguridad. Antes todo me daba inseguridad, que un poco habla de la autoexigencia… No era buena en nada: no era tan buena persona, no era tan linda, no era tan buena amiga, tan buena novia, tan buena hija. Siempre medio que me doy con un caño. Y empecé a perdonarme y a quererme, que creo que es al final lo que tenemos que hacer: aceptarnos, perdonarnos, querernos. Ir buscando mi mejor versión me hizo entender que las personas que están al lado mío, o que yo quiero al lado, me tienen que aceptar y querer como soy y el que no quiera estar es porque bueno, tendrá otro camino, algo mejor… y no depende de mí.

-¿De dónde vienen esas etiquetas?

-Empecé terapia este año, nunca había hecho, y no sé de dónde salen… Es como algo de culpa que no sé ni siquiera por qué. Yo adopté dos gatos negros y tengo un perro colorado y el otro día pensé: qué loco, son como los desechados, los que nadie quiere, los dejados de lado. Y un poco quizá inconscientemente yo me ponía en ese lugar, ni sé por qué. No sé por qué me ponía esas etiquetas o ese peso encima de querer ser mejor y no poder.

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-Aún así hiciste de todo…

-Claro, pero yo no me entero de eso. Como que yo no me doy cuenta. Cero registro.

-“Ahora es tiempo de florecer”, dijiste hace poco. ¿Tiene que ver con todo esto?

-Creo que tiene que ver con la edad, con el momento de la vida. Ya pasó lo peor, la adolescencia y todo ese cambio extraño y de repente uno se empieza a poner más fuerte, a plantarse un poco mejor. Soy una piba que toma decisiones todo el tiempo. Todo el tiempo me toca tomar decisiones. Creo a todos en esta vida… Pero a veces en una semana tengo que tomar como cuatro o cinco decisiones así como muy importantes, muy tajantes y eso te va empoderando.

Natalie en 'Las Estrellas' (El Trece), su último trabajo en una tira diaria. Foto: Captura TV.


Natalie en ‘Las Estrellas’ (El Trece), su último trabajo en una tira diaria. Foto: Captura TV.

-¿Estas decisiones las tomas sola?

-Generalmente las charlo con mi vínculo más íntimo, mi familia, mis amigos, mis managers… Y después finalmente la decisión la tomo yo, porque después soy la que tiene que poner el cuerpo a la hora de trabajar. Y soy bastante impulsiva. Venía diciendo mucho que no, porque siento que a raíz de los ‘no’ uno también se empieza a construir una personalidad, una carrera… Tuve una época en la que a todo decía que sí. Ahora estaba en una época en la que a todo decía que no. Me encontré diciendo que ‘no’ a todo y dije bueno, voy a tirar un ‘sí’ y justo vino esto de la obra que voy a hacer en el verano. Dije lo tengo que hacer a ver qué pasa.

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-¿Hacia dónde va tu vida?

-Hacia el frente siempre, por las dudas. Tengo un norte interno, yo lo sé y lo percibo. Sé que esta vida la quiero disfrutar a full, como más pueda, ayudar a las personas que lo necesiten, trabajar de lo que me gusta. Obviamente me encantaría formar una familia, enamorarme, tener una casa, viajar, cantar por todo el mundo, seguir componiendo mis canciones, ser mejor artista, más completa. Voy a eso, a tratar de disfrutar y ser feliz y ser mejor.

-Tuviste tres noviazgos largos, ¿cómo te llevás con la soltería?

-Bueno, creo que ya estaríamos de tiempo de soltera, ya llevo mi récord. Sí, ya no me acuerdo cuánto tiempo hace que estoy soltera. Me encanta el compartir con el otro, siento que también ahí tengo mi mejor versión, me encanta. Me llevo bien igual, un poco también por mi condición de famosa a veces me cuesta. No tengo ningún tipo de aplicación o los chicos no se acercan porque les da miedo o no saben qué onda… o salís con alguien y ¿a dónde vas? Tenés que ir o a mi casa o a la casa de él porque en el restorán la gente te conoce, en el barcito también…

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-¿Cómo hacés cuando querés salir con alguien?

-No voy a comer a Palermo o a Cañitas. Busco, tengo mis lugares, mis recovecos… Pero sí, siempre es una situación porque no sé si quiero que la primera vez venga a mi casa o yo ir a su casa… Es un poco demasiado íntimo y está bueno ir a un lugar. Y bueno, otra es decir ‘no me importa’ y listo. Si la otra persona no es famosa a nadie le va a llamar mucho la atención.

-¿Nunca tuviste Tinder?

-No, nada. Ni siquiera sé cómo funcionan. Ni tendría. Nunca tuve sexo ocasional, jamás en mi vida.

En febrero, Natalie Pérez y Soledad Pastorutti lanzaron 'Lágrimas y Flores', una cumbia a todo ritmo.


En febrero, Natalie Pérez y Soledad Pastorutti lanzaron ‘Lágrimas y Flores’, una cumbia a todo ritmo.

-En los últimos meses te relacionaron con Nico Occhiato, Chano, Fran Stoessel… ¿por qué pensas que pasó esto?

– ¡Y yo re soltera! Sabés que me estaba preguntado si cuando sacaba el feat con La Sole (Pastorutti) me iban a poner que estaba de novia con ella. Dije qué lástima, hubiera sido bastante interesante porque parece que sólo uno se puede vincular… tipo mujeres con hombres. No sé, hubiera sido lindo ‘Natalie Pérez y Sole Pastorutti de novias’, ¿te imaginás? (risas). No sé, la verdad que con cada persona que me vieron en un evento, me vincularon.

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-Hace un tiempo congelaste óvulos, ¿cómo fue ese proceso?

-Fue re loco, primero porque estaba soltera. No es como cuando lo haces quizás en compañía con alguien, está bueno porque compartís un poco. Para mí fue duro… No fue algo así como ‘no pasa nada’. Inyectarme todas las mañanas… Quizás si lo compartís es diferente, es un deseo de a dos, como más liviano. Acá no, fui sola, me pinchaba a la mañana, con una aguja, después otra aguja. Como no estoy acostumbrada tampoco me pinchaba y me rebotaba la aguja, me la tenía que sacar y volver a pinchar. Todo esto en ayunas, apenas te levantas, estaba toda hinchada, hormonal. Fue una semana muy intensa. Y yo tuve la desgracia de tener una hemorragia interna… Algo que tenía que ser muy liviano y casual, un dolor de ovarios me habían dicho… Pero bueno, también es algo que pasa, no fue muy grave. Pero es algo que puede pasar y no te lo cuentan quizá.

-¿Te quedó alguna secuela de esa hemorragia?

-Creo que no, hace un tiempo tengo unos dolores que quería investigar si venía por ahí pero yo creo que no quedó ninguna. Mis períodos son normales, todo bárbaro.

-¿Te pegó mucho a nivel sensibilidad?

-Sí. En esa semana de inyectarte hormonas es tremendo. Me salieron granos, estaba hinchada, lloraba por todo. Me pasó de todo.

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-¿Escribiste algo en esa época?

-Sabes que no… No escribí nada pero tengo muchos videos, hice carpetas, hice todo un seguimiento con videos de todo el proceso porque quería subirlo para compartirlo. Finalmente después no lo hice por todo este problema que tuve, porque me agarró por sorpresa y estuve internada una semana. Después llegué y no quería saber nada. Me quedé súper débil, no tenía fuerza. Cuando llegué a mi casa estuve 15 o 20 días tomando hierro, recuperándome, entonces no me quería acordar del momento, de la situación y había salido por todos lados y no sé si estaba bueno compartir después que congelen óvulos.

-¿Y ahora lo compartirías? ¿Lo aconsejás?

-Sí. Lo mío fue una experiencia, es un caso en un millón. Soy el caso del millón, siempre me pasa eso (Risas). Pero sí, lo compartiría y lo re aconsejo. Sobre todo ahora que la maternidad un poco se posterga . Antes a los 22 ya tenían cuatro o cinco hijos. Ahora yo tengo 36 y no tengo ni el proyecto por el momento. Entonces está bueno tener esa posibilidad. Después maternar se puede maternar de mil formas. Podés adoptar, podés pedir un óvulo prestado, podés comprarlo… Hay mil formas, esta es una opción y yo creo que se puede compartir y después cada uno toma sus decisiones. Es un procedimiento que no es invasivo. Lo peor es lo de las inyecciones, lo demás es súper liviano.

DD

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