En soledad frente al destino

J.C. Maraddón

Nacido en el contexto del apogeo del glam y del hard rock, el grupo inglés Queen era en sus inicios un fiel exponente de esos estilos, hasta que a poco de andar adoptó algunos modales del rock sinfónico, en especial luego del rotundo éxito de su “Bohemian Rhapsody” en 1975. Hacia finales de esa década, la banda imprimió a su carrera otro viraje sonoro con el disco “The Game”, donde se apreciaban ciertos coqueteos con la nueva ola que entonces sacudía los charts y con el sonido de la música disco, en el que incursionaron con su hit “Amother One Bites The Dust”.

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Sin embargo, su derrotero por los años ochenta fue bastante más errático, aunque no por ello dejaron de anotar canciones en lo más alto de las preferencias del público. Tratando de adaptarse al espíritu de la época, experimentaron con las influencias del tecno y acomodaron sus impulsos compositivos más barrocos a la simpleza del pop que reinaba en ese entonces. Pese a todo, no dejaron de lado por completo la distorsión ni el esmero que ponían en la confección de los videoclips, un formato en el que habían sido pioneros cuando ni siquiera existía el proyecto de un canal como MTV.

Con el diagnóstico de Sida que recibió Freddie Mercury en 1987, una noticia que se decidió no trascendiera más allá del grupo, algo se quebró para siempre en ese cuarteto que convertía en una fiesta cada uno de sus conciertos y que había grabado composiciones a las que muchos utilizaban como motivación personal ante circunstancias aciagas. El primer disco que apareció luego de este episodio fue “The Miracle”, donde temas como “I Want It All” parecían tirar para adelante, pero que vista en perspectiva su letra denotaba la necesidad de Mercury de acelerar su vida ante la posibilidad de un final inminente.

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En “Innuendo”, el siguiente álbum, ya iban a aparecer otro tipo de canciones, mucho más dramáticas en su contenido e interpretación, que presagiaban un desenlace fatal como el que iba a producirse 24 de noviembre de 1991 con la muerte del cantante, apenas unos meses después de la publicación del disco. “The Show Must Go On”, el último track de esa producción discográfica, funcionó algo así como un epitafio para ese artista sobre el que existía un consenso acerca de que se trataba de una de las voces privilegiadas dentro de la historia del rock and roll.

Como previa para el lanzamiento de una edición de colección de “The Miracle”, anunciada para el próximo 18 de noviembre, Queen subió a las plataformas el jueves pasado el tema “Face It Alone”, una cinta inédita que fue redescubierta y que integrará esa versión de lujo de aquel álbum, junto con otras perlitas. El hallazgo ya había sido revelado en una entrevista por Brian May y Roger Taylor, pero la difusión del registro conmovió a los fans del grupo, que pudieron escuchar la desgarradora vocalización de Freddie Mercury en una sesión que tuvo lugar allá por el año 1988.

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Aunque pertenece al repertorio de “The Miracle” y quedó descartado cuando hubo que seleccionar los títulos que formarían parte del disco, en “Face It All” se percibe ese clima denso y opresivo que iba a adoptar el grupo en su siguiente trabajo, y que expone la tensión que atravesaban ante la grave enfermedad de su líder. Con la garganta crispada y en un tono de desesperación, Mercury le canta aquí a la soledad intrínseca de todo ser humano, frente a un devenir que, además de imprevisible, puede tener una cuota de crueldad a la que se debe confrontar en solitario.

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