Julián Gil: “No ha sido cuestión de suerte”

Reconocimientos marcan su trayectoria. Abraza con entusiasmo el éxito económico y la fama. Pero dentro de su libro de vida, con memorias que abarcan papeles protagónicos en importantes proyectos de televisión y cine, alfombras rojas y portadas de revistas, el actor y presentador Julián Gil no se olvida de los días en que con un esmero similar trabajó como lavaplatos o atendía con una sonrisa como mesero, a clientes en algún restaurante en San Juan.

Son 35 años que definen la carrera profesional del también productor y empresario, quien se ha destacado como modelo en numerosas ocasiones.

El valor de trabajar lo conoció desde sus años escolares. Con una infancia en su natal Argentina en un entorno familiar de recursos limitados, a Julián Gil nadie puede convencerlo de que el esfuerzo no lleva a lograr resultados anhelados.

“Definitivamente, no ha sido cuestión de suerte. Suerte es cuando vas y gastas un dólar para la lotería y te pegas en la lotería. En la posición que estoy ahora, totalmente diferente a cuando empecé o como me crié, o de dónde vengo, eso es debido a mucho sacrificio, mucho esfuerzo, mucha disciplina”, expresó con firmeza en entrevista con Primera Hora desde México, al echar una mirada a su pasado.

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“Vengo de un hogar que lastimosamente fue víctima de alcoholismo, donde eso llevó a la situación en que estábamos, porque después me cuentan, por ejemplo, mi hermana mayor, que papi en su momento tenía mucho dinero en Argentina, y lo perdió todo por diferentes circunstancias, pero sobre todo por el alcohol, y eso fue llevando a la familia a la situación en la que estábamos”, lamentó el empresario.

A los 9 años pasó a vivir a Venezuela. “Recuerdo trabajar a los 12, 13 años, muy chiquito, ayudando a papá y a mamá vendiendo frutas en los semáforos, en la calle, recogiendo cartón para venderlos. Eran trabajos muy, muy fuertes en Venezuela. Papi incluso tenía también un carrito de vender helados. Me acuerdo que a veces me iba a vender con él, helados. Vengo de una familia, muy muy humilde, y cuando llegamos a Puerto Rico también fue muy duro”, recordó sobre su arribo a la isla a sus 15 años. En ese entonces, su mamá viajó al país para cuidar a una hermana, quien había sufrido un derrame cerebral.

“Todos pensábamos que iba a ser un viaje de una o dos semanas”, manifestó pensativo. Pero ese nuevo destino pasó a ser su hogar. “Fue una bendición”, expresó con firmeza el artista, quien a través de la videollamada desde México lucía una gorra alusiva a Puerto Rico, su patria por elección.

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“Empezamos a trabajar para ayudar a mami, lavando platos, y ahí también surge mi encuentro y conozco a Brenda, la mamá de Nicolle”, dijo al hacer referencia a estrenarse como padre en su adolescencia. “Un día era un niño y al día siguiente era papá”, reflexionó el actor, quien hace más de una década que, por asuntos de trabajo, divide su residencia entre Florida y México.

Los cuidados de su mamá y de su entonces suegra fueron de gran apoyo para la crianza de su hija. “Nos ayudaron tanto a Brenda como a mí a sacar adelante a Nicolle”, agradeció. “Pero si yo vuelvo a nacer, créeme que a mí sí me gustaría volver a ser papá joven. Hoy en día tener a Nicolle con 35 años y ser contemporáneo conmigo, y es mi socia, mi amiga. Sé que es duro y no lo recomiendo, pero a mí me funcionó en mi vida, me ayudó mucho a salir adelante, a luchar por ella”, confesó enfático el también padre de Julián y del pequeño Matías, de cinco años.

¿Ser actor era un anhelo que tenías presente?

“Había dos cosas que quería ser desde chiquito: futbolista y actor. Me acuerdo que en la escuela cuando había cosas de entretenimiento, levantaba la mano y yo estaba en todas las obras de teatro y presentaciones artísticas. Pero como todo, cuando llego a Puerto Rico todo se puso en pausa porque había que trabajar y no tenía uno, tenía dos y a veces hasta tres trabajos al día. Entonces tuve que dejar de estudiar. La high school la hice por estudios libres porque había que trabajar, no solamente por el nacimiento (de Nicolle), sino también porque había que ayudar a mami, que estaba cuidando a mi tía. Pero con el tiempo todo se fue dando y como a los 17, 18, entro a la academia de Grace Fontecha, y Orlando Vega, que un día me agarró allí en Condado, me dijo ‘oye, ¿tú podrías modelar?, ¿te gustaría?, tienes el look’, y yo le dije ‘no, yo no tengo tiempo para eso’”.

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¿Qué te motivó a intentarlo?

Me lo volví a encontrar como dos o tres veces y siempre me decía ‘mira, tengo una agencia, tu puedes ir los sábados a la agencia y ahí te preparamos’. Y eso fue llevando una cosa a la otra”.

La oportunidad lo llevó a participar en pasarelas que incluyeron las de diseñadores como Nono Maldonado y David Antonio, y a posar para catálogos de ropa. “La primera vez (en modelaje) me pagaron como $75, si no me equivoco”, recordó. Al poco tiempo, surgieron las ofertas para actuar.

¿Cuál fue tu primera oportunidad profesional en la actuación?

“En teatro, mi primera participación fue en Nueve semanas y media (2000), dirigida por Josean Ortiz. Éramos dos, Luisa de los Ríos, a quien siempre recuerdo con muchísimo cariño, y yo. Era una adaptación de la famosa película. Recuerdo que hacíamos dos funciones al día en lo que se llamaba el Pier 10. Era una cosa impresionante. Después empezaron a un surgir muchísimas ofertas de teatro”.

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Sexo pudor y lágrimas, Full Monty, Tarzán, El crimen del Padre Amaro y La princesa en el lago de los cisnes fueron algunas de las puestas en escena que fueron fortaleciendo su carrera artística, a la que se sumaron películas como Más allá del límite -que produjo- y Marina. Sin dejar de lado el modelaje –faceta con la que también se lució en su serie de calendarios sugerentes-, el interés como presentador lo demostró en premiaciones, programas de televisión y eventos como las Fiestas de la Bahía.

¿Cómo fue la experiencia de darte a conocer como actor fuera de Puerto Rico?

“Fui a Miami (Florida) en 2004. Nunca se me va a olvidar. Empecé haciendo cosas con Telemundo”.

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¿Fue fácil lograrlo?

“No. Tuve muchísimos a rechazos. Para mí fue bien difícil. Ya había hecho en Puerto Rico todo, tenía mi programa de televisión, había hecho creo que 16 obras, habíamos hecho tres películas. Pero cuando voy a Miami y empiezo a tocar puertas, nadie me conocía. Fui con mi demo. Es algo que lamento mucho, que todo lo que pasa en Puerto Rico, se queda en Puerto Rico. Ahora hay poquito de mayor proyección internacional, pero la mayoría de lo que se hace ahí se queda ahí. Yo me decía ‘cómo es posible que no sepan quién yo era después de todo lo que he hecho’. Estuve como cuatro, cinco meses en Miami tocando puertas y todo el mundo me decía que no, que el acento boricua era muy fuerte”.

¿Cuál fue tu primera oportunidad en el extranjero?

“Estuve a punto de regresarme a Puerto Rico porque yo decía ‘para qué vengo a pasar trabajo aquí cuando de alguna manera allá tengo el cariño del público y el apoyo de mi gente, no me faltaba nada’, hasta que subió un proyecto que se hizo en Venezuela. Le dije a mi manager yo ‘me voy a regresar a Puerto Rico’. Ella me dijo ‘vamos a Venezuela, que hay un proyecto que te quiero presentar’. El proyecto había arrancado al aire. Se llamaba Por todo lo alto, con Marianela González. Ese proyecto llevaba como tres semanas al aire y estaba en el piso. Cuando llegué a la reunión, le gusté al productor y me dijo ‘tengo un problema con esta novela, que la pareja protagónica no está funcionando, ¿puedes empezar el lunes?’. Empecé y el personaje empezó a funcionar. Ahí me regresó a Miami y me pide Venevisión para hacer Acorralada. Lo demás es historia. No he parado”.

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Sortilegio, Isla paraíso, Amor comprado, Valientes y ¿Quién eres tú? se sumaron a su amplia lista de trabajos en telenovelas, que incluye La herencia como su trabajo más reciente en el papel de “Próspero Millán”. “Es un personaje totalmente diferente a lo que he hecho en mi vida. Estoy muy contento porque es mi tercer protagónico con el señor Juan Osorio, y muy contento de poder de alguna manera seguir haciendo lo que amo”.

Fuego en el alma, El milagro de la Virgen de Coromoto y Jesús de Nazareth se añaden a las diversas películas en las que ha actuado.

La faceta de presentador la ha lucido en oportunidades como Nuestra Belleza Latina, reality en el que también ha sido jurado, y República deportiva. Como invitado, ha moderado Despierta América y El Gordo y la Flaca.

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Con tantas metas logradas, ¿existe algo que resientas del éxito?

“A veces cuando hago una retrospectiva de toda mi vida, de mis años, mi trabajo, digo ‘oye, me ha ido muy bien, he logrado cosas internacionalmente’. Pero a veces digo ‘fue tanto, no el trabajo, sino que fueron tantas las separaciones de mis seres queridos, y de separarme en muchas ocasiones de Nicolle, de Juliancito, de mis hermanas (Patricia y Lorena), de mis orígenes, que son puertorriqueños, de a veces pasar dos, tres años sin poder ir a Puerto Rico porque estoy trabaja y trabaja. Ahora no porque tengo una base más establecida en México y en Miami. Pero me tocó muchas veces irme ocho meses a España, diez meses irme a Perú, once meses irme a Colombia. Otro año, irme a Venezuela y a Ecuador. Entonces, cada vez que yo me iba, estaba muy contento por lo que había logrado, pero era bien fuerte saber que andaba en unas maletas y desprendido de todo lo que a mí me llena, de toda mi esencia, que son mis amistades, mis hijos. Hoy hago un balance y si me preguntas ‘oye, ¿pero fue duro trabajar?, ¿hacía frío, hacía calor?’, no, lo más duro fue separarme de mi familia”.

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¿Qué te falta por lograr?

“Voy con la vida y lo que la vida me vaya dando. ¿Qué me falta? Seguir siendo cada día mejor ser humano. Trabajo para cada día para seguir siendo un mejor ser humano, tener mi familia unida. Mi propósito de vida ahora es yo tratar de tener a mi familia lo más unida posible”.

Su bandera

El amor boricua lo presume constantemente. Hace más de cinco años, inspirado en las tradicionales Fiestas de la Calle San Sebastián, en San Juan, inició las “Fiestas de la Calle Miami”, un evento musical para enaltecer la cultura puertorriqueña y unir a la diáspora. Otra muestra fue el establecimiento como socio con el chef José Mendín del restaurante La placita en Miami, Florida, con el ofrecimiento de gastronomía puertorriqueña. El mural de la bandera en el edificio, realizado por el pintor Héctor Collazo, desató un pleito legal que enfrentó cuatro años y que implicó gastos onerosos.

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“Es muy duro pelear con un músculo tan fuerte como el gobierno”, manifestó con resignación el artista, quien batalló contra la directriz de borrarla. Cambiar de local es el paso siguiente. “Estamos viendo diferentes sitios”, dijo. “Yo no pretendo seguir con el restaurante abierto, sin la bandera, o sea, es como un jardín sin flores. Sí, cocinamos rico, el ambiente es rico, pero creo que es preferible moverlo donde podamos fluir, donde podamos, de alguna manera, también desarrollar lo que es la cultura puertorriqueña, la gastronomía”, añadió el empresario, quien fue dueño del restaurante Urdín, copropietario de la discoteca Zarairo y de un gimnasio, todos en San Juan, Puerto Rico.

Atento a su salud

Dentro del ajoro laboral, su salud está arriba en la lista de prioridades. El mes pasado confesó a través de sus redes sociales que hace más de un año se sometió a un tratamiento tras el diagnóstico de cáncer de la piel. El hallazgo se dio luego de una visita a una dermatóloga para revisar un círculo de calvicie que, luego se enteró, fue una secuela pasajera del COVID-19. En la visita, también consultó sobre unas señales que se mostraban en su piel.

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“Me revisó y justo me ve esta manchita lunar que tenía en el pecho”, recordó el actor, quien presume 52 años recién cumplidos. “Me dijo ‘quiero hacer una biopsia, puede ser cáncer’, y yo no fui ni siquiera para eso, ni tenía la sospecha. Y me citan después de la biopsia, y me dice los resultados, ‘es cáncer y te tengo que operar ya, se te está regando’. Cuando me enteré… creo que la palabra, cuando te dicen que puede ser cáncer, piensas en lo peor”.

Ser portavoz para protegerse del sol se añade a su gesta.

“El mensaje que trato de llevar ahora es la prevención contra el sol. Los que me conocen saben que siempre abusé mucho del sol. Era de esos que tenía que estar siempre bronceado y achicharrado. Iba cuatro, cinco veces a la playa y cuando no me iba a la playa, me bronceaba en mi casa”, compartió. “Siempre buscaba cuál era la manera que más me iba a quemar, el aceite, lo que fuera. Esa fue la consecuencia”, lamentó el actor, y compartió que las visitas cada seis meses a la oficina médica para revisar su piel forman parte de su calendario. “La pasé duro, pero ahora estoy muy bien, saludable”.

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