“La estadística dice que un chaval que hace ‘bullying’ probablemente en el futuro ejerza violencia de género o filio-parental”

El pasado 3 de noviembre se celebraba el Día Internacional contra la violencia y el acoso escolar, una efeméride que pretende recordar la importancia de trabajar en la concienciación para eliminar un tipo de violencia que afecta a la población infantil y juvenil a nivel mundial y que provoca terribles secuelas psicológicas

De todo ello y de la salud mental de los adolescentes hablamos en esta entrevista con Beatriz Urra González, psicóloga con más de una década de experiencia trabajando con adolescentes en conflicto en la Clínica Recurra Ginso y actual coordinadora del nuevo Hospital de Día Retiro Recurra Ginso.

El bullying y el ciberbullying son dos de los grandes problemas de los jóvenes de hoy. ¿No están funcionando bien los protocolos? ¿En qué está fallando la formación emocional de estos niños y adolescentes?Por nuestra experiencia, en los centros escolares siguen mostrando mucha insatisfacción a la vez que dicen que les falta, sobre todo, personal: más psicólogos, más pedagogos, más tutores personales que puedan meterse en el aula y ver qué es lo que está pasando. Por supuesto, una parte tiene que ver con la falta recursos económicos y de instrumentos. Hay bastantes técnicas (test, autoinformes, sociogramas…) que realmente no tienen un excesivo costo pero que dentro de la partida del colegio o del instituto es un monto. Luego también algo que ocurre, porque en Recurra Ginso nos ha pasado, es que muchas veces proponemos actividades del tipo ‘¿os parece que vayamos al colegio a hablar del consumo de cannabis? ¿O que vayamos a hablar del bullying?’ y que la respuesta sea ‘No, en mi colegio no ocurre esto’.

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Lógicamente no hay que culpabilizar a los directores o a los profesores. Ellos tienen la sensación de que están muy solos, sobre todo los profesores. Por eso cuando se abre un expediente porque ha ocurrido un suceso de bullying en su clase o en el aula un poco la mirada es ‘¿Y tú dónde estabas? ¿Por qué no te has dado cuenta?’. Rápidamente hay mucha acusación por parte de los padres, de los propios directores… Hay miedo por parte del profesorado a que se tomen medidas contra ellos y eso no ayuda.

Esto sería un resumen de lo que está ocurriendo desgraciadamente con los protocolos. En los colegios públicos se establecen más y en los privados es donde hay más dificultad. Muchas veces en estos la solución pasa por ‘tú hijo lo está pasando mal, casi sería mejor que se cambiara a otro centro’.

La psicóloga Beatriz Urra.
La psicóloga Beatriz Urra.
Cortesía.

En los casos de acoso es importante trabajar con el resto de los chavales. Las personas que están silenciando son claves

¿Se trabaja lo suficiente con el niño y el adolescente acosador?Me encanta que me hagas esta pregunta porque creo que es donde de verdad hay que poner la lupa. Hace unas semanas hablando con la madre de un chaval que participó en un caso de agresión en nuestro centro me decía llorando: ‘es horrible lo que te voy a decir pero preferiría que mi hijo fuera la víctima porque siento vergüenza y culpabilidad’. Y yo le responndía: ‘Una parte de la responsabilidad es de tu hijo, porque más allá de cómo le estás educando es tu hijo quién lo está haciendo. Tu hijo tiene un problema: busca el liderazgo de una manera que no es la adaptativa ni la sana’.

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Los padres muchas veces se sienten francamente avergonzados y vuelven a revictimizar a sus hijos, les estigmatizan muy rápidamente y es cuando nosotros les decimos: ‘No, no, a tu hijo lo que le pasa es que tiene poquitas habilidades sociales’. Suelen ser chicos y chicas muy impulsivos, que controlan muy mal la ira… y es lo que nosotros trabajamos. Es verdad que se trata de una intervención larga. No nos vamos a engañar, no es algo puntual que ha ocurrido una vez en clase y en dos meses lo tenemos solucionado porque hay que trabajar el control de la ira, las habilidades sociales, ver cuáles son los detonantes, qué es lo que le pone nervioso y trabajar también las consecuencias negativas, porque muchas veces estos chicos te dicen ‘no, pero si era una broma lo que pasa es que se lo ha tomado mal’.

También hay que ver qué es lo que ocurre en sus casas. Muchas veces en sus familias hay unas formas de relacionarse con un apego muy inseguro, con muy poca calidez, desde un doble tono y cuando le dices al chaval ‘no te das cuenta que no hace gracia lo que estás diciendo’, no lo perciben. Otras veces también encontramos el origen de estas conductas en el tipo de televisión que les gusta. ¿Cómo pueden ver en un programa con toda normalidad que una persona le es infiel a otra? Estamos creando unas distorsiones que luego son muy difíciles de trabajar. Una infidelidad pertenece a la privacidad de cada uno, no se trata de ganar más audiencia o dinero si uno hace este tipo de cosas, si se humilla al otro públicamente. Por eso, hay una parte que tiene que ver con la familia y otra con los medios de comunicación, con la sociedad en general.

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Por otro lado, también es importante trabajar con el resto de los chavales. Si ellos no aplaudieran la gracia acabaría en ese mismo momento. Las personas que están silenciando son claves.

Beatriz Urra

Beatriz Urra 

  • Psicóloga y coordinadora del Hospital de Día Retiro Recurra Ginso

Beatriz Urra es psicóloga general sanitaria especializada en forense y cuenta con un máster en terapia familiar y pareja. Beatriz lleva más de 11 años trabajando en la Clínica Recurra Ginso, donde ayuda a adolescentes y familias que están en conflicto. Asimismo, es docente en la Universidad Alfonso XX el Sabio y en la Universidad Cardenal Cisneros. Actualmente, es la coordinadora del Hospital de Día Retiro Recurra Ginso.

¿Cuáles son los principales trastornos que están relacionados con el acoso escolar?Algo llamativo es que nosotros en nuestro centro tenemos más de un 50% de chavales que han recibido o han sido los agresores en casos de bullying y muchos de los chicos que han sido víctimas pasan a ser abusadores después. Hay una parte un tanto vengativa o de aprendizaje, de ‘parece que tengo que ser muy duro para poder enfrentarme’. Los acosadores no suelen tener la autoestima baja, suelen ser muy impulsivos, pueden tener rasgos antisociales, buscan un liderazgo, tienen un afán de llamar la atención y de que el resto les siga pero lo hacen de una manera muy desadaptada. Tienen un apego bastante inseguro que no les permite tener esa empatía de decir ‘te he hecho una broma y se me ha ido, no me he dado cuenta y no te ha hecho gracia…”.

En los casos ciberbullying lo que les interesa es si consiguen likes o no, si se está reproduciendo que yo he pegado a este chaval o no… El ciberbullying favorece un mayor distanciamiento de la víctima y por eso cada vez estamos teniendo más problemas. Los que reciben el vídeo no conocen a la víctima, reproducen el vídeo y probablemente lo reenvíen. No la tienen delante para darse cuenta de lo que está sufriendo, de que está llorando, que lo está pasando mal o me está diciendo que pare…

Tiene que haber una prevención desde la educación infantil y primaria: donde vayamos hablando con los niños, donde el conflicto se exprese

¿Cuál es el papel de los profesionales de la salud mental en estas situaciones?Pues primero deberíamos trabajar desde la prevención porque parece que a casi todo llegamos siempre tarde, cuando ya se ha producido el conflicto y a los chiquitines no les enseñamos desde pequeños a trabajar las emociones. Hay una parte de educación infantil y educación primaria donde tiene que haber una prevención, donde tiene que haber una asamblea, donde vayamos hablando, donde el conflicto se exprese… Ha habido mucha cultura de sacar al menor o a los menores afectados de manera individual. Y esto probablemente sea problema de los profesionales, separarles del resto para hablar con ellos. Y al final los terceros, esos chicos que son cobardes, que reproducen esos vídeos o que miran hacia otro lado también son parte del conflicto y hay que hablarlo en el propio aula.

Por lo tanto, es importantísima la intervención, muy importante la prevención, el trabajo con los padres. Más allá de juzgar o no juzgar es un problema que tenemos a nivel social: lo tiene el acosador, lo tiene la víctima así como el grupo de iguales que mira hacia el otro lado. También hace falta una mayor conciencia de que debemos dedicar el tiempo esto. A veces los orientadores y los psicólogos tienen mucha dedicación a que va a estudiar este alumno el día de mañana, que aptitudes tiene… y no hay tiempo o tutorías para observar qué está ocurriendo en esta clase. Se comparten pocos espacios que tengan que ver con este tipo de temática. Y también hay miedo a que mi colegio salga en los medios y se diga que se ha producido acoso, a qué la gente se pregunte dónde estaban los terapeutas y los profesores cuando ha sucedido… Y por último no hay que normalizar pero tampoco problematizar, hay que buscar un punto medio: ni son chiquilladas ni hay que pasarse de frenada queriendo enseguida denunciar e ir a la policía. Se puede llegar a soluciones menos contundentes donde se pueda reparar el daño sin dañar más de lo que estamos.

Una vez que el problema es detectado, ¿qué programas seguís con los jóvenes y sus familias?Para nosotros es muy importante también trabajar con las familias a solas porque es muy importante el modelo que estén ejerciendo los padres y las madres. En las sesiones te llama muchas veces la atención como hablan de su hijo. Si te dicen en tono de broma ’este chico es un cabrón’ hay que preguntarse: ¿cuántas veces te diriges así a tu hijo delante de tanta gente?, ¿o cuántas veces le humillas un poco? Siempre le digo a los padres: recordad vuestros 14 o 15 años, cuando oíamos a nuestros padres nombrarnos estabas muy atento y todo aquello que digas queda grabado.

Por lo tanto con los papás hay que hacer un trabajo muy lento, muy extenso en el tiempo, para hagan cambios y modificaciones. Y es algo que les cuesta porque la motivación no viene de ellos mismos sino porque su hijo tiene un problema y eso, de entrada, ya les pone un poco de barrera. Segundo, porque muchos piensan ‘yo a mis años no voy a cambiar’. Nosotros no utilizamos tanto el concepto del cambio sino de oportunidad. Esta situación es real, la tienes en casa con tu hijo o tu hija y la estadística nos dice que un agresor que pueda tener problemáticas con bullying va a tener probablemente otras problemáticas el día de mañana: violencia de género, violencia filioparental, un aspecto más delincuencial… No creas que esto va a quedar en un episodio aislado que todos olvidamos, es una semilla que ha quedado ahí y va a seguir creciendo. Y ya que tenemos el problema sobre la mesa vamos a tener una oportunidad de cambio.

Algo que gana a los padres es que los chicos, cuando no se sienten señalados de que son ellos los que tienen el problema sino que toda la familia tiene un síntoma, cambian muchísimo y hacen un trabajo más introspectivo y más profundo. Esta es una de las claves del éxito de nuestro programa. Cuando ellos saben que sus padres van a terapia y que hablan también de su infancia, de cómo les criaron… Están acostumbrados a que sus padres les lleven al psicólogo y les esperen en el coche y aquí los padres se tiran a la piscina con ellos. A los padres, por su parte, les ayuda experimentar lo que les cuesta a sus hijos trabajar en la consulta y construir junto a sus hijos.

No hay que demonizar las redes sociales ni internet. Es algo que está ahí y va a seguir estando, no podemos meter a nuestros hijos en una burbuja pero hay que acompañarlos

En la reciente Jornada de salud mental infanto-juvenil ‘Ahora más que nunca’ organizada por vosotros aportabais datos más que alarmantes: 1 de cada 7 jóvenes de entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental, el 9% de las personas jóvenes experimentó ideas suicidas, el 15% muestra síntomas de depresión y 1 de cada 4 declara haber consumido psicofármacos. ¿Cuáles son los principales peligros de no tratar a tiempo a estos jóvenes?Los padres tienen una dificultad para compatibilizar muchas veces el cuidado y el acompañamiento de sus hijos con el ámbito laboral. Hay gente encantadora pero están todo el día viajando, tienen una responsabilidad laboral tremenda… y dejan a los chavales con la pantalla, con el ordenador, con internet… No hay una supervisión ni un control de lo que están haciendo.

Nosotros no demonizamos las redes sociales ni internet. Es algo que está ahí y va a seguir estando, no podemos meter a nuestros hijos en una burbuja pero hay que acompañarlos. No les subimos en una bicicleta el primer día y los dejamos solos… Le ayudamos a que aprendan y una vez que ya saben vamos tomando distancia. Es lo que debemos hacer con este control parental, saber dónde se meten nuestros hijos. Hay muchísimos foros que alientan al consumo de drogas, aspectos xenófobos, conductas alimentarias, muchos problemas con las bandas. En Madrid por ejemplo está habiendo un repunte de éstas con chavales que además van muy armados, donde hay muy poco límite y muy poca empatía, con un nivel de agresión y sociopatía alto…

Necesitamos mayor acompañamiento de nuestros hijos e hijas, sin alarmarnos pero estando un poco más cerca. Muchas veces vienen los padres cuando ya ha ocurrido el problema y los chavales te lo dicen: ‘¿dónde estabas cuando necesitaba?’. El conflicto siempre puede aparecer, sobre todo en la adolescencia que es un momento que hay mucha exposición a cambios y un tema de identidad, pero si hay algo sembrado anteriormente, habrá un clima de confianza donde nuestro hijo o hija nos lo pueda contar y desde donde lo vamos a poder gestionar sin mayor dificultad.

Si el resto de los chavales no le llaman o de repente ha cambiado de amigos es sintomático de que algo marcha mal 

¿Qué signos pueden indicar a los padres que algo no está marchando bien?Para esto es fundamental tener esos momentos de hablar con él. Guardar momentos que no tienen que estar perfectamente estipulados ni tienen que ser muy largos, primero porque no tenemos tiempo y segundo porque el chaval no te lo va a aguantar. Pero si tenemos ese tiempo juntos para desayunar, cuando le llevo en coche o me acompaña a tirar la basura, esos cinco minutos son claves para que tú puedas hacer un seguimiento si no va a ser difícil detectar algo porque salvo que sea algo que llame mucho la atención los padres que están muy despistados te dicen ‘hasta que me han llamado del colegio no he visto nada’.

Cuando empiezan a pasar más tiempo en la habitación, cuando hay cambios de comportamiento o de hábitos como por ejemplo chicos que comienzan a dormir muy poco o que empiezan a dormir más, cuando hay actividades que hacían normalmente como deportes que ya no quieren hacer, cuando notamos que nos empiezan a mentir y nos dan excusas que no nos encajan, cuando vemos que el resto de los chavales no les llaman demasiado para quedar o también algo muy significativo en lo que todos los padres coinciden: de repente ha cambiado de amigos y ya no sabes quienes son. Eso es clave y suele ser una alerta de que algo está pasando. En general: cambio de amistades, cambio de hábitos, de estética, que no nos quieran contar si antes nos contaban, cambios bruscos de peso, si pasan más tiempo con el móvil, si les vemos tristes o nos contestan con un ‘déjame en paz’, cuando se nos escapan cada vez que queremos hablar con ellos y no les pillamos ni un solo momento.