“La muerte pone las cosas en perspectiva”

Entrevista a la directora belga Griet Teck, autora de ‘Tocando el infinito’

La joven directora Belga de 40 años, Griet Teck, se adentra en el espinoso tema en torno al final de la vida y los cuidados paliativos con un temple y un personalidad ejemplares. Y, sobre todo, con la gran sencillez y la gran oportunidad que supone acompañar al enfermo hasta su desenlace.

Según ha podido saber ALETEIA, a finales de diciembre se llevará a cabo un estreno digital VOD (bajo demanda). De hecho, cualquier persona interesada puede rellenar un documento en la web del filme para que la película se pueda exhibir en su ciudad, como indica la distribuira de Tocando el infinito, Bosco Films. 

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¿Cuándo y por qué nace la idea de este documental?

Durante el rodaje de mi primer largometraje documental, Feel My Love (2014) sobre la vida con demencia, supe que mi siguiente película trataría sobre la fase final de la vida. Durante el intenso periodo de rodaje no solo me enfrenté a una profunda vulnerabilidad, sino también a la naturaleza finita de nuestras vidas, porque las personas a las que me acerqué tanto durante tres años de rodaje acabaron falleciendo. 

Tuve el privilegio de observar de cerca y comprender, en esta pequeña residencia, y a pequeña escala, cómo despedirse de la vida en un entorno de confianza forma parte de la vida misma. Todo aquello me hizo preguntarme: ¿por qué es tan difícil hablar de esto? Además, nunca hemos aprendido a hablar de ello. Es como si nos faltara el lenguaje para expresarnos. Como seres humanos nacemos en este mundo, dando forma a nuestra propia y única historia personal. ¿Cómo se termina una historia, una vida, de forma consciente y con sentido? ¿Cómo se afronta eso? 

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¿Qué criterio empleó para la selección de las tres historias que arman Tocando el infinito?

Durante tres años he trabajado intensamente con equipos de cuidados paliativos a domicilio en Bélgica. 

Primero asistí a las reuniones en las que se hablaba de los pacientes, para obtener información. Al cabo de un tiempo me pusieron cuidadosamente en contacto con pacientes, que estaban interesados en colaborar conmigo en esta película. Su motivación para participar fue la importancia de este tema social (todavía un tabú), y el deseo de dejar algo a sus familias. De hecho, trabajé con muchas más familias, pero a veces esta colaboración llegaba a su fin porque no se sentína bien o porque las cosas iban de repente muy rápido. Trabajé con personas reales, no es ficción. Nada está guionizado. Seleccioné las historias de la película porque son las más matizadas en su representación.

¿Hasta qué punto el componente religioso condiciona la actitud de sus protagonistas? 

En Bélgica debo decir que la religión es un asunto muy privado. No es algo que se diga en voz alta, sino que se vive desde dentro. Delphine, la madre de Myriam, tenía una fuerte creencia. La oración que se le oye decir en la película le dio fuerzas para afrontar el dolor que sufrió en su vida. Hablamos de eso. Además, durante el rodaje supe que había un sacerdote que visitaba a Rebecca, pero no quería ser filmado. Tuve que respetarlo. 

¿Forzosamente al final de la vida el resto de personajes reflexionó sobre la idea de Dios? 

La pareja de ancianos Emma y Fernand encontró consuelo en el profundo amor y cuidado mutuo. Creo que el amor es el tema central de todas las religiones, pero también del ser humano.

¿Qué testimonio le impactó más?

Todos ellos me han tocado profundamente y me han enseñado algo valioso.

¿Existe un rasgo común en los personajes de las tres historias que narra su película? 

El amor. Al final de tu vida lo más probable es que no te preocupes por tu casa, tu coche o tu ropa.. el lado material de la vida no tiene importancia. No te lo llevas contigo. Entonces, ¿qué es lo importante? Es la profunda conexión que sentimos con nosotros mismos y con los que amamos. Las pequeñas cosas. Expresar nuestro amor y cuidado mutuo. Encontrar espacio para resolver cosas, o no. Reflexionar sobre nuestra vida. Sentí mucho amor en las familias. A menudo (no siempre) esa última etapa puede ser un hermoso momento de “vivir”, que va directamente a la esencia. Es duro decirlo, pero la muerte pone las cosas en perspectiva. Da sentido a la vida.

¿Por qué cree que es necesario mostrar la enfermedad a las claras? 

Nuestra sociedad ha prohibido la muerte a puerta cerrada. Se ha aislado de ella. Por eso, cuando la muerte ocurre, la confrontación es enorme. Se siente como un fracaso.

Como he dicho antes, es muy difícil hablar de estas cosas. En Bélgica, la mayoría de la gente muere en los hospitales, lejos de su casa. La muerte se convierte en algo extraño, y esa distancia crea miedo. Todos nos enfrentaremos a ella tarde o temprano. 

Con esta película he querido mostrar que, a pesar de la tristeza y la dureza, el final de la vida puede ser un hermoso momento de profunda conexión que te devuelve a la esencia de la vida. No se trata del sufrimiento, sino de cómo afrontarlo, de cómo transformarlo en algo significativo. A pesar del difícil argumento, hay mucho amor y esperanza en las imágenes. Es esta fuerza de conexión de la que trata esta película.

¿Considera que es importante normalizar las enfermedades? 

La enfermedad y la muerte forman parte de la vida. Es algo natural, pero nos cuesta mucho hablar de ello. Crea mucho dolor y estrés en nuestras mentes y cuerpos cuando no somos capaces de expresar nuestros sentimientos y emociones. Así que creo que es importante normalizar el hablar de esto.

¿Está convencida de que es importante acompañar a morir y asistir a su proceso? 

Absolutamente. No hay que subestimar el poder de apoyo de los cuidados paliativos. Me parece que la gente en Bélgica tiene un acceso más fácil a ellos que en España. En la película hay varias enfermeras de cuidados paliativos que visitan a los protagonistas. Van vestidas como tú y como yo, no con uniforme. Preguntan si el dolor está controlado, pero lo más importante es que también escuchan el dolor existencial y espiritual. 

Además, creo que la pandemia de Covid nos mostró la importancia de poder decir adiós… Qué horror morir completamente solo. Le ocurrió a mi abuela, justo antes de que empezaran las vacunas. Ya estaba en coma cuando la vimos. Vestida con ropa de plástico, nos dijeron que no la tocáramos. Imagínate.

¿Tenía la experiencia de haber tratado antes con personas como Rebecca, Fernand o Delphine? 

Sí, en mi anterior película. Estuve cerca de ellas cuando murieron. Fueron tratadas con cuidados paliativos.

¿Cómo resultó rodar con niños?

Muy especial. Tenemos tendencia a proteger a nuestros hijos de la tristeza, pero en realidad es bueno hablar con ellos de lo que pasa. Ellos sienten que algo no está bien. Rebecca y Bart decidieron ser muy sinceros con sus hijos. No es fácil, por supuesto, pero gracias a la franqueza, los niños tuvieron tiempo para reflexionar y hacer preguntas a sus padres. Las tres niñas también estaban recibiendo terapia para ayudarles a expresar sus sentimientos. No quita el dolor, pero ayuda en el proceso de duelo.

¿Ha cambiado su vida tras esta experiencia de rodaje? 

Durante el proceso de la película, inevitablemente, creció un vínculo muy estrecho con todas las personas involucradas. Como cineasta, también tuve que despedirme de las personas a las que me había acercado tanto, pero a las que acababa de conocer. Todo el proceso de la película, desde la preparación, el rodaje y el montaje, ha sido una experiencia profundamente transformadora. Espero que, al ver el filme, los espectadores puedan percibir esta intimidad que penetra directamente en la esencia.

¿En quién se ha inspirado para hacer cine?

En mi hermano menor, Johan, que tiene autismo y una discapacidad mental. Crecer con él no fue fácil, no podemos comunicarnos con palabras, pero me enseñó a sentir y a mirar más allá de lo que vemos (la discapacidad). 

También me gustaría mencionar a los hermanos y directores de cine belgas Luc y Jean-Pierre Dardenne. Mucho antes de empezar a estudiar en la academia de cine, su obra me conmovió profundamente. La sencillez y la integridad de su forma de contar las cosas me impactaron profundamente.

¿Quiere que su cine se caracterice por su tono moral y bondadoso? 

No hay una sola manera de decir adiós, es un proceso muy individual. Quería que la película fuera abierta, sin una declaración de intenciones terminada, para que los espectadores puedan sentir por sí mismos, en función de sus propias experiencias con el tema.

¿Por qué hay que ir a ver Tocando el infinito?

A pesar de la tristeza y quizás la parte más oscura, he experimentado mucha Belleza y profundidad entre las personas. Me ha hecho comprender que ésta es una fase de crecimiento en toda regla en la vida. Por limitada que pueda parecer, la vida se vive plenamente en estas experiencias finales. Aquí y ahora. También creo que la película es una muy buena herramienta para iniciar un diálogo en torno a este tema.

Web del filme: https://tocandoelinfinito.com/