Las novedades culturales se juegan el triunfo o su invisibilidad en pocas semanas | Cultura

El rincón de los libros más vendidos en la Librería La Central, en Madrid, el pasado 2 de mayo.
El rincón de los libros más vendidos en la Librería La Central, en Madrid, el pasado 2 de mayo.Álvaro García

De la primera idea al estreno pasaron unos 10 años. Por supuesto, mientras tanto, el cineasta Álex Montoya hizo otras cosas. Pero, poco a poco, siguió desarrollando la película Lucas. La escribió, encontró financiación, la filmó y, al fin, la lanzó a las salas. A partir de ahí, sin embargo, el tiempo de golpe se aceleró. “A la tercera semana prácticamente había desaparecido de la cartelera. Fue bastante decepcionante”, asegura el director. Y eso que la obra llegaba fortalecida por buenas críticas y tres premios en el festival de Málaga. “Salimos en 27 salas y en algunos casos estaba en una sola sesión. Las posibilidades de verla para el espectador eran pequeñas, tenía que ajustar su agenda”, agrega Montoya. Tanto que apenas vendió 1.243 entradas, colocándose en el puesto 101 de la recaudación del cine español en 2021, según datos del Ministerio de Cultura y Deporte. Rodeada, eso sí, por decenas de filmes en las mismas condiciones. Aunque la compañía es mucho más amplia: le sucede a casi toda la cultura.

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Cada semana, cientos de libros, cómics, espectáculos teatrales, series o discos debutan con el preciado sello de “novedad”. Detrás, suele haber años de trabajo de músicos, dramaturgos, actores, escritores o directores. Al cabo de un mes, sin embargo, la gran mayoría ha pasado al rincón del olvido, lejos de la estantería principal o de las fichas más visibles del catálogo online. Y lejos, también, de los ingresos que esa visibilidad puede representar.

En su lugar, aparece otra marea de novedades que, a su vez, pronto se convertirá en pasado. “En el sector editorial se da una superproducción concentrada en los grandes sellos. Las librerías no pueden mantener un fondo, salvo las más importantes, y se ven obligadas a un movimiento continuo. Un libro de hace seis o siete meses muchas veces ya no se encuentra, hay que pedirlo expresamente”, afirma Antonio Gómez Castillo, catedrático del departamento de Historia y Filosofía de la Universidad de Alcalá de Henares y profesor del máster en Gestión Cultural y de Industrias Creativas del mismo centro.

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Tanto que el 86% de los títulos que se ofrecen en España vende menos de 50 ejemplares al año, según un reciente estudio realizado por Juan Miguel Salvador, de la librería Diógenes de Alcalá de Henares. La investigación también señalaba que la rotación (el tiempo medio que tarda un libro en venderse) se estima en seis meses y 17 días, pero la llegada constante de novedades imposibilita que la mayoría de volúmenes se mantenga en las estanterías durante ese periodo. “La vida de los libros en las librerías es cada vez más corta, con las consecuentes devoluciones”, afirmó Salvador el 24 de junio en un congreso dedicado a estos establecimientos.

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Montoya cree que otro aspecto contribuye al fenómeno: el léxico. “El cambio de ‘cine’ a ‘contenido’ tiene su importancia. Sugiere la necesidad de una oferta constante para que la gente vuelva. Es malo por la cantidad, aunque bueno porque hay más opciones y porque creo que, en general, la calidad media al menos con respecto a la producción ha subido”, afirma el director. Y tanto Gómez Castillo como su compañero Julio Seoane Pinilla, profesor de Filosofía en la Universidad de Alcalá y también en el mismo máster, ven un matiz idéntico en expresiones como “producto” o “consumo” cultural.

Así, una vez en la cadena de montaje, las creaciones se engullen unas con otras. En España se estrenaron 439 filmes en 2020 (solo en los cines, al margen de las plataformas), llegaron al mercado 77.142 primeras ediciones de libros y hubo 24.080 representaciones teatrales (una cifra reducida a la mitad del año anterior, debido a la crisis por la pandemia), en datos de Cultura. Demasiados debuts nacen ya condenados a pasar desapercibidos. Si el público no da para tanto, su bolsillo tampoco: el gasto medio por persona en las artes es de 223,6 euros al año. Y, a menudo, termina concentrándose en un puñado de obras: en los cines, por ejemplo, el 54% de las entradas vendidas en 2021 fue para los 20 filmes más taquilleros.

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Los demás, incluido Lucas de Álex Montoya, pelearon como pudieron por su pequeño momento de gloria. Y su rentabilidad. “Es una película complicada, con una sinopsis difícil de vender [centrada en la pedofilia]. Nuestra distribuidora hizo un buen trabajo, con los medios de los que disponía. Pero si no tienes un grupo potente detrás es muy complicado. Siempre lo ha sido. Ahora, un poco más. En los años noventa, estrenaba Alejandro Amenábar y era un evento. Hoy, con las plataformas, competimos a un nivel mundial”, argumenta el director. De ahí que la llamada multiprogramación resulte cada vez más frecuente en cines y teatros: la misma sala ofrece distintos espectáculos o filmes según el día de la semana o la franja horaria.

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“El visionado ha cambiado: solíamos esperar la llegada de otro episodio de una serie a la semana siguiente y ahora todo el paquete está disponible el primer día. Hay voracidad por consumirlo todo y puede tener que ver con el ritmo de vida actual. En la que parece una cultura de la dispersión, en parte es lógico que estén abasteciendo constantemente el mercado”, plantea Gómez Castillo. Seoane Pinilla amplía la reflexión también a las relaciones personales. Y dos informes aportan indicios en una dirección parecida: de 2011 a 2021, la extensión media de los libros más vendidos en Estados Unidos, según las listas de The New York Times e incluyendo las categorías de ficción y no ficción, ha caído 51,5 páginas de media (de 437,5 a 386). Y la duración media de las 100 canciones más populares de la semana que recopila la revista Billboard perdió 20 segundos, hasta tres minutos y medio, entre 2013 y 2018, según un estudio del magazine Quartz.

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Interior de Real Groovy, la tienda de discos más importante de Auckland, en Nueva Zelanda.
Interior de Real Groovy, la tienda de discos más importante de Auckland, en Nueva Zelanda. F. Jiménez

Frente a ello, sin embargo, las últimas entregas de las sagas cinematográficas de Spiderman, Parque Jurásico o Batman atrajeron al público pese a rozar o incluso superar las dos horas y media. Para Seoane Pinilla no se trata de duración: “El microteatro, por ejemplo, es acelerado, pero ofrece obras estimables. En todo caso, conservo la creencia de que si pones a alguien a disfrutar de una comida tres horas es posible que se olvide del móvil”.

A condición, eso sí, de que cada plato aguante un rato en la mesa. La lista de los 20 filmes más vistos entre abril y junio de este año en España lucía una media de estancia en salas parecida a la de Lucas: 3,9 semanas, según cálculos de este diario basados en las cifras de la consultora ComScore. Había obras como Belfast, de Kenneth Branagh, que aguantaron casi cuatro meses entre las más taquilleras. O sorpresas como Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa, que a golpes de calidad, galardones, boca oreja y buena promoción ha logrado un éxito y una resistencia inesperados incluso para su creadora. Pero, en el otro extremo, se detecta un caso recurrente: películas que debutan entre el puesto 12 y 20, en 50 o 70 salas, y al cabo de siete días ya no figuran en el llamado top 20. Para muchas obras culturales, esas primeras semanas de ventas se antojan decisivas. Y pueden ser las últimas.

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Bien lo sabe Montoya. Aunque también conoce otro lado de esta historia. Porque, al menos en el cine, internet regala una segunda vida. O incluso una primera: su anterior filme, Asamblea, llegó en plena pandemia. Así que debutó directamente online, en Filmin. Esta vez los espectadores no debían arreglar sus horarios para encontrarlo. Bastaba un clic. Hubo tantos, que terminó como el mejor estreno de una película española en la plataforma.

Varios pósteres de películas en una imagen promocional de la plataforma Filmin.
Varios pósteres de películas en una imagen promocional de la plataforma Filmin.

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