Los cinco temas más urgentes en la agenda de la ministra de Economía

Inflación récord desde 1991. Más emisión de pesos y brecha cambiaria en expansión. Baja de los precios de commodities y de la energía. El Banco Central vendiendo dólares. Dificultades para cumplir con las metas del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Mientras la actividad se estanca y el Gobierno se sacude en internas que profundizan su propia crisis política, el horizonte de cortísimo plazo de la economía argentina enfrenta desafíos de magnitud.

Tras la llegada de Silvina Batakis al cargo que hasta hace solo una semana ocupaba Martín Guzmán –quien omitió mencionar a la vicepresidenta Cristina Kirchner en su carta de renuncia–, se aceleró el deterioro de algunas variables nominales, con la disparada de los tipos de cambio paralelos y del riesgo país, que llegó a los 2700 puntos luego de una nueva caída en el valor de los títulos de deuda argentinos. En un escenario internacional que luce más adverso para países emergentes, con la suba de las tasas de interés en los Estados Unidos y un incremento en los temores a una recesión en ese país, la Argentina arrastra desequilibrios de largo plazo, a la vez que el clima de incertidumbre impacta negativamente en los números macro y en las perspectivas de la actividad tanto de corto como de mediano plazo. En ese escenario, pueden identificarse cinco temas que imponen desafíos urgentes.

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La inflación es el problema más urgente de la economía argentina. Y en las últimas jornadas no hizo más que acelerarse. Con el ajuste de algunos precios regulados (salud, gasoil, tarifas, entre otros), junio interrumpió el sendero descendente de los meses anteriores, tras el pico de marzo (6,7%) y, según estimaciones privadas (el dato del Indec se conocerá en los próximos días), el índice se ubicó en torno al 5,4%. Pero la volatilidad cambiaria de la última semana, entre la emisión de pesos del Banco Central y la expansión de la brecha tras la salida de Guzmán, aceleraron la dinámica y las consecuencias se reflejarán en el número de julio.

Según una medición semanal que hace la consultora Eco Go, solo en la primera semana del actual mes en el rubro alimentos hubo un alza del 2%, y la estimación es que la inflación del mes será no menor a 6%. “Las expectativas de inflación están cada vez más desancladas y medida tras medida anunciada por el Gobierno se ajustan al alza. Las trabas a las importaciones ya comienzan a traducirse en faltantes, y los precios de los productos electrónicos y electrodomésticos mostraron incrementos que en algunos casos llegan hasta 30%”, dice Milagros Suardi, economista de la consultora, en referencia al último endurecimiento del cepo dispuesto por el Banco Central, que restringió aún más el acceso a divisas para las firmas que hacen compras en el exterior.

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En ese contexto, continúa Suardi, el poder adquisitivo de los salarios, especialmente el de los trabajadores informales, acumula hasta abril (último dato disponible) casi nueve puntos de caída interanual.

“Sin un plan macroeconómico, no hay motivo para que la inflación baje. El Gobierno intentó frenarlo con medidas cortoplacistas como el fideicomiso del trigo, los controles de precios o Precios Cuidados”, dice Juan Ignacio Paolicchi, economista de la consultora Empiria. “Todo eso podría servir si se acompaña con un esquema de moderación fiscal y monetaria. Pero si no hay un plan, si se acelera el tipo de cambio porque se atrasó, o si se empieza a corregir tarifas porque no se hizo en 2020 y 2021, todo eso suma combustible”, agrega el analista.

La dinámica inflacionaria es el problema más urgente de la economía en la Argentina; en los últimos días las alzas de precios se aceleraronarchivo

El escenario también acorta los plazos y acelera la carrera con los salarios. Mientras las proyecciones de inflación ya estimaban una cifra anual que será récord desde 1991, el panorama financiero de las últimas jornadas elevó ese piso y muchas estimaciones ya manejan un piso del 80%, que marcará la cancha del segundo semestre. Ahí llegarán las reaperturas o renegociaciones de las paritarias, que en la primera mitad del año se cerraron con subas salariales en torno al 60% y con cláusulas de revisión.

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“Marzo parecía haber sido el pico por el shock externo de la guerra en Ucrania, pero la inflación es un proceso no uniforme y volátil, y cuanto más alta es más volátil. En julio va a volver a subir por todo lo que estamos viendo. Y en la medida en que esta situación se prolongue y continúe la emisión, es probable que el proceso inflacionario vuelva a incrementar su velocidad en el segundo semestre y que estemos camino a una inflación de entre 80% y 90%”, afirma Gabriel Caamaño, titular de Consultora Ledesma.

“No hay ningún tipo de anclaje de expectativas, hay mucha emisión, el Gobierno está ensimismado en su interna y los agentes económicos empiezan a decidir vender menos y a subir márgenes para cubrirse y no desestockearse. Es una estanflación autoinflingida”, agrega.

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Cuando a comienzos de junio desde la empresa estatal Enarsa –gestionada por funcionarios cercanos a Cristina Kirchner– vendieron bonos del Tesoro en moneda local por $9000 millones, sin coordinación con el Ministerio de Economía o el Banco Central, se inició una turbulencia que sacudió al mercado financiero y dejó al descubierto el ‘Talón de Aquiles’ del esquema económico, como la economista Marina Dal Poggetto, de Eco Go, suele definir al segmento de la deuda en pesos.

Pese a que el exministro Guzmán insistía en su intención de ‘fortalecer’ ese mercado, el Gobierno hace tiempo encontraba dificultades para renovar esa deuda. Es que, limitado el financiamiento monetario por parte del Banco Central al 1% del PBI este año –de acuerdo con lo firmado con el FMI–, y sin acceso a los mercados internacionales, el Tesoro debe recurrir al mercado doméstico para financiar el déficit fiscal. Y para lograr el rolleo de sus títulos, debió recurrir a instrumentos atados a variables que no controla (como el CER, que refleja la inflación), en una rueda que generó una dinámica riesgosa: con los precios en alza, la estimación de que el Gobierno no podrá pagar esa deuda (y caería en un eventual reperfilamiento), o bien que deberá recurrir a más emisión (con una consecuente aceleración de la inflación) generó un contexto de tensión que se aceleró en las últimas semanas, con el desarme de posiciones en pesos por parte de fondos de inversión y otros agentes.

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“Esto deriva de la inconsistencia fiscal. Tenías un programa económico que era el acuerdo con el FMI, y a los 10 días lo estabas incumpliendo. Tener más gasto y más déficit lleva al mercado a preguntase cuán sostenible es esa deuda, y entonces pasa lo que vimos”, dice Paolicchi, en referencia a la venta de instrumentos en pesos del mes pasado. En ese contexto, el Central salió al rescate de esos títulos y debió emitir más de $650.000 millones para concretar esas operaciones y evitar un desplome de los precios y la consecuente suba en las tasas de interés.

El exministro Martín Guzmán decía que se iba a fortalecer el mercado de deuda en pesos; sin embargo, hace tiempo que el Gobierno empezó a encontrarse con dificultades para renovar las obligaciones en moneda local
El exministro Martín Guzmán decía que se iba a fortalecer el mercado de deuda en pesos; sin embargo, hace tiempo que el Gobierno empezó a encontrarse con dificultades para renovar las obligaciones en moneda localarchivo

Hacia adelante, el desafío aparece en el calendario de licitaciones y abultados vencimientos, que tiene su pico en septiembre con la necesidad de renovar $1 billón en títulos. “Cuando uno mira lo que pasó en junio, es preocupante. Hay renovaciones periódicas, en una montaña complicada, y en septiembre el 80% es deuda con CER (ajustable por inflación). Entonces, hay que dar una señal contundente desde lo fiscal y mostrar que se modera el ritmo del crecimiento del gasto, que es lo que pide el Fondo”, afirma Ricardo Delgado, titular de Analytica.

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El escenario internacional arroja buenas y malas noticias para el país. La reacción a la aceleración inflacionaria en los Estados Unidos llevó a la Reserva Federal a la mayor suba en la tasa de interés desde 1994, e incrementó temores por una eventual recesión. Y si bien para la Argentina el efecto directo es acotado al no tener acceso al mercado de crédito internacional, sus consecuencias sí pueden sumar complicaciones. Porque luego de cotizar a precios récords en los últimos meses, tras la salida de la pandemia y el shock derivado de la invasión de Rusia a Ucrania, los precios de materias primas clave para el comercio exterior argentino, como la soja o el trigo, están revirtiendo parte de las subas. El valor todavía es elevado, pero la tendencia enciende luces amarillas, teniendo en cuenta la escasez de dólares que hoy aqueja a la economía local.

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“Frente a una expectativa de recesión en las economías avanzadas, las commodities están pegando la vuelta desde valores récord en años. La soja llegó a perforar los US$550, si bien después rebotó, y la curva de futuros marca un claro camino descendente. Los precios de la energía también cayeron, pero se defienden mejor, lo que incide directamente sobre nuestros términos de intercambio, la cuenta corriente y el mercado cambiario”, dice Suardi.

Entre otros varios factores del contexto global, uno de los que influyen con fuerza es la variación del precio de las commodities
Entre otros varios factores del contexto global, uno de los que influyen con fuerza es la variación del precio de las commoditiesarchivo – LA NACION

En el corto plazo, esa foto llega en un segundo semestre en el cual, por una cuestión estacional, la Argentina dejó atrás el período de mayor oferta de dólares por la liquidación de la cosecha, y mientras aún queda por delante un tiempo de bajas temperaturas que requerirá mayores importaciones de energía.

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Mientras la brecha cambiaría se estira por encima del 100%, el tipo de cambio real se aprecia aceleradamente y ya se ubica en niveles similares a los de abril de 2018, cuando comenzó la corrida cambiaria que arrastró al gobierno de Mauricio Macri. En ese contexto, el Banco Central está en una posición frágil, con pasivos que crecen y reservas netas en torno a US$3000 millones.

Gracias al refuerzo del cepo aplicado en la última semana de junio y la postergación de operaciones, la entidad pudo recomponer temporariamente su tenencia y acercarse a la meta con el FMI, aunque luego el escenario se revirtió y retomó sus ventas diarias, en una dinámica que da cuenta de la fragilidad hacia adelante. Así, el riesgo país volvió a subir y llegó a los 2700 puntos, valores máximos tras el canje.

“La Argentina no empezó 2022 con una posición robusta de reservas, y no deberíamos estar preocupados por la dinámica de las reservas con el precio de la soja, que estuvo arriba de US$600. El problema de hoy es que el Gobierno eligió tener un mayor nivel de actividad a costa de no tener dólares en el Central. Y este semestre es difícil, porque es de escasez relativa; lo positivo es que para agosto debería frenarse la salida de divisas por energía”, dice Paolicchi, quien descarta que una devaluación esté en la hoja de ruta del Gobierno: “Hasta ahora, lo que demostró es que, ante la escasez, la opción es ajustar el cepo”, concluye.

La falta de acumulación de reservas y la brecha cambiaria implican fuertes desafíos en lo inmediato
La falta de acumulación de reservas y la brecha cambiaria implican fuertes desafíos en lo inmediatoarchivo

Esa escasez se verifica en el freno a las importaciones dispuesta por el Gobierno y los recientes planteos de Batakis sobre el turismo en el exterior, que anticipan nuevas medidas de administración de divisas. “Hoy el balance de pagos para la Argentina es positivo y la cuenta corriente todavía los es, también. Y es cierto que hay un repunte de las importaciones en cantidades, pero porque veníamos de niveles de recesión. En relación al producto, son las mismas cantidades de hace 10 o 5 años. No hay un nivel superior y ese ‘festival’ no parece que sea tal”, dice Guido Lorenzo, director de LCG. Mientras tanto, el saldo negativo por la intervención sobre el mercado de cambios en lo que va de julio supera los US$630 millones.

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Fue, según Guzmán, el “camino transitable” para la economía argentina. Y si bien el ahora exministro renunció, condicionado en su rol por las internas del Gobierno y la imposibilidad de avanzar en algunos temas (como el ajuste de tarifas) para intentar cumplir con las metas pautadas con el FMI, su reemplazante indicó que su gestión tenderá a “la continuación del programa económico”.

En ese marco, la vigencia del programa con el Fondo marca la agenda, con un esquema flexibilizado de metas trimestrales, cuyos números de reservas, déficit y emisión monetaria serán demandantes en el corto plazo. “Batakis dijo que lo va a continuar, pero el tema estructural, más allá de lo discursivo, es si se va a poder mantener el acuerdo”, plantea Delgado. Es que la evolución del gasto público en el primer semestre marca una aceleración (casi 14 puntos por encima de la inflación en el acumulado hasta mayo) y la continuidad de ese ritmo aleja a las cuentas públicas de la meta de déficit de 2,5% para este año, pautada en ese programa. Lo mismo pasa con el financiamiento monetario del déficit (limitado al 1% del PBI), aunque sus intervenciones sobre el mercado de bonos en pesos le permitieron al Banco Central saltear esa barrera sin ‘incumplir’ lo firmado con el FMI.

El acuerdo con el FMI, organismo a cargo de Kristalina Georgieva (en la foto, junto al presidente Alberto Fernández), es el eje de fuertes expectativas frente a la nueva gestión en el Ministerio de Economía
El acuerdo con el FMI, organismo a cargo de Kristalina Georgieva (en la foto, junto al presidente Alberto Fernández), es el eje de fuertes expectativas frente a la nueva gestión en el Ministerio de Economía

En ese punto, el staff report publicado por el organismo reconoce que, en materia de energía, las importaciones y el gasto en subsidios “se mantendrán altos durante el invierno”, y explicita que será necesario “un rebalanceo del gasto entre la primera y la segunda mitad del año”, para “apoyar una moderación de la demanda interna”. En números, define que luego de crecer el gasto al 12,8% real en el primer semestre, el Gobierno deberá ajustarse y aplicar en esta mitad del año una contracción interanual de 7,8%.

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