“Mi pareja me tiró por la terraza y me dejó en silla de ruedas”

Carmen Giménez tiene 42 años, pero de alguna manera su vida “empezó” cuando tenía 29. El 12 de marzo de 2010 su pareja de entonces, con la que llevaba menos de dos años de relación “tortuosa”, asegura que la tiró por la terraza del dúplex en el que vivían. La caída le provocó una lesión medular que la dejó parapléjica y la sentó en una silla de ruedas de por vida. Con mucha ayuda psicológica, se sobrepuso a la brutal agresión, pesar de que el sistema judicial “falló”. Deportista nata, la muerte de Bruno, uno de sus tres hijos, la empujó a correr de manera adaptada. El atletismo es ahora su profesión (ha sido Campeona de España) y también imparte charlas en las que relata su trayectoria y cuenta su experiencia como víctima de violencia de género trasladando el lema que ella practica desde hace una década: que a pesar de las adversidades es posible continuar con una vida “plena y feliz”.

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Hasta los 29 años el día a día de esta madrileña era “al uso”, explica Carmen para describir su vida antes del maltrato. Había estudiado ADE y trabajaba como consultora en una multinacional americana. Tenía pareja desde los 17, pero la relación terminó por el “desgaste”. Un tiempo después inició una relación con un compañero de trabajo, pero Carmen vio pronto que tenía “fecha de caducidad”. Fue “tortuosa”, reconoce. Y aunque entonces (a finales de la primera década de este siglo) ya existía legislación contra la violencia de género, no se contaba con “la visión y el conocimiento” que existe ahora sobre esta lacra, cuenta.

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Malestar anímico

Fue al médico creyendo que tenía falta de vitaminas y le diagnosticaron  depresión

A los pocos meses de iniciar la relación, acabó en la consulta del médico porque no se sentía bien anímicamente. “Me encontraba débil, cansada, lloraba…”. Acudió al médico creyendo que le faltaban vitaminas, pero salió de la consulta con un diagnóstico de depresión. Pero el dictamen no fue bien recibido en casa, explica; su pareja se limitó a reírse del diagnóstico y animarla a que no tomara la medicación prescrita.

Suerte ha tenido Carmen de su tía María Jesús, que siempre ha velado por ella. La animó a seguir los consejos del médico y también advertía a su sobrina de que la relación no iba bien. El desprecio era la forma de maltrato que más usaba su expareja, aunque también hubo episodios de violencia física en los que la pareja la “cogía del cuello” o la zarandeaba. La llegó a dejar en París en “mitad de la calle sin monedero” pero en un viaje a Estocolmo fue ella la que cambió el vuelo después de que su pareja la estampara contra la pared.

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Carmen es madre de Ana y Valentina (en la imagen) y también de Bruno, que falleció al poco de nacer

Carmen es madre de Ana y Valentina (en la imagen) y también de Bruno, que falleció al poco de nacer

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A pesar de la violencia física, lo más dañino (hasta la agresión final) para Carmen fue el “desprecio” con el que la trataba. “Me ignoraba y podía estar un día sin hablarme”. Un maltrato, el psicológico, que siempre se producía en la intimidad. “En casa me insultaba profesionalmente, pero fuera era la mejor ejecutiva”, lamenta.

Tercer piso

Su pareja la arrojó de la terraza del dúplex en el que vivían en Madrid

El malestar de Carmen iba in crescendo. “No era capaz de etiquetar lo que me pasaba más allá de que era un sufrimiento terrible”, describe. Ni tan siquiera recuerda el ‘motivo’ de la última discusión la noche antes de la terrible agresión, la que la dejó parapléjica. “No sé si era porque no estaba la cena o porque había llegado tarde”, explica. “Recuerdo que tiró las cosas por el suelo y que yo llamé a mi tía temblando desde la cama”. Cuando María Jesús picó al timbre encontró “media casa por los suelos”. Quiso quedarse en casa con su sobrina, pero Carmen le dijo que se fuera, que “no iba a pasar nada”. La realidad es que no tenía la certeza de si iba a ocurrir algo, pero se sentía culpable de “meter” a otras personas.

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A la mañana siguiente nada había mejorado, así que decidió esconderse en el baño, la única estancia con pestillo del dúplex en el que vivían en el centro de Madrid. Cuando escuchó abrirse la puerta de la calle, oír como picaba el ascensor y las llaves cerrar la puerta, creyó que el agresor se había ido que y que estaba a salvo. Pero era una trampa. Había cerrado por dentro y aguardaba la salida confiada de Carmen. No recuerda nada más de lo que pasó entonces. La llevó hasta la terraza (un tercer piso) y asegura que la tiró abajo. La caída le ocasionó una lesión medular completa.

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No hubo investigación previa

Tras siete meses en el hospital, denunció el caso, pero finalmente se sobreseyó

Carmen asegura que, a pesar del suceso, ninguna autoridad policial acudió al centro hospitalario durante los siete meses que estuvo hospitalizada (uno de ellos, intubada) para preguntar qué había pasado. Se habían personado en el lugar de los hechos, pero no abrieron diligencias. Así que fue ella la que, al salir del hospital sentada ya en una silla de ruedas, interpuso una denuncia. 

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Carmen Giménez ha tenido que aprender a vivir en una silla de ruedas 

Dani Duch

Se hizo una investigación de un año gracias a un juez “muy diligente” que encargó muchas declaraciones y pruebas, pero cuando regresó la juez titular se sobreseyó por falta de pruebas. Recurrió a la Audiencia Provincial de Madrid, al Constitucional e incluso a Estrasburgo sin suerte.

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“El sistema falló”

Asegura que el proceso judicial le ocasionó un gran sufrimiento

El proceso judicial causó mucho sufrimiento en la víctima, que lamenta que no se sintió escuchada. Pero afirma orgullosa que “hice todo lo que podía haber hecho, fue el sistema judicial el que falló”.

Carmen relata su terrible historia con gran entereza, pero su trabajo le ha costado. Han sido años de psicólogos. Hasta hace poco no lo había contado públicamente por un miedo que aún siente, explica, pero la diferencia es que ahora “lo gestiono y no me paraliza”.

La silla de ruedas no me define, me ayuda a poder hacer mi vida



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Carmen Giménez

Verse parapléjica fue “menos traumático” que toda la parte emocional de pensar que “alguien que se supone que te quiere te haga eso”. Aun así, Carmen tuvo que hacer un trabajo de reeducación para aprender a vivir en silla de ruedas y bromea diciendo que al principio tardaba 30 minutos en vestirse y que ahora ya lo hace como antes de la agresión. Asegura que vive como antes, pero “en otro formato” y reivindica que “la silla no me define, me ayuda a poder hacer mi vida”. A pesar de ello confiesa que al principio pensó que, por los estereotipos desde la ignorancia existentes, su vida había acabado y que no podría viajar ni ser madre.

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Carmen Giménez, la atleta paralímpica española que sobrevivió a un intento de femicidio. La muerte de su hijo la animó a correr 

Dani Duch / Propias

Lo ha podido hacer todo. También ser madre de Ana (9 años), Bruno (4) y Valentina (3). Cita orgullosa a sus tres hijos aunque Bruno nació en la semana 34 y finalmente falleció. Perder a un hijo es la otra adversidad a la que le ha tocado hacer frente a esta madrileña pero que le ha empujado a ser lo que es hoy. Deportista de toda la vida, los amigos de Carmen empezaron a usar en sus carreras camisetas con el lema #RunForBruno. Y luego la animaron a correr ella también. “Si quieres correr, te ayudo”, le dijo su entrenador, Roberto Álvarez.

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Motivos para correr

La muerte de su hijo Bruno la animó a correr  y ha sido campeona de España

Así empezó una fructífera carrera de atleta con la que ha logrado ser campeona de España de atletismo adaptado. Su hijo Bruno es su motivación en la pista y lleva escrito su nombre en la silla. La etiqueta cambió a #RunForYou y se convirtió en una fundación que defiende que siempre hay motivos para correr. “Yo lo hago por mí y por Bruno”. Este proyecto ha sido una forma “preciosa de dar sentido a mi vida”, confiesa la atleta, que entrena todos los días y que ahora se prepara para la media maratón y la maratón de Valencia.

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Carmen ha logrado sobreponerse, con mucho esfuerzo, al trauma de estar sentada en una silla de ruedas tras una agresión machista

Carmen ha logrado sobreponerse, con mucho esfuerzo, al trauma de estar sentada en una silla de ruedas tras una agresión machista

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Carmen defiende que para ella el deporte no es únicamente una herramienta rehabilitadora a nivel físico, sino también de inclusión porque compite con deportistas sin discapacidad. “El deporte nos pone a todos en la misma posición”, afirma.

Su historia de superación, la deportiva como atleta y la personal, son las protagonistas de las conferencias que imparte como embajadora Adecco con el objetivo de derrocar barreras y estereotipos. En ellas defiende la idea de que las personas que han sufrido violencia de género pueden (y deben) continuar con una vida “plena y feliz”. Ella lo ha logrado.