Misiones Stellantis o cómo Vigo exporta ‘Know How’ a todos los rincones del planeta

Japón, Israel o Alemania. Ni podía imaginarse Noel Villapún, cuando empezó a trabajar en la fábrica de Stellantis de Vigo en 2013, que acabaría desplazándose a la otra punta del planeta como formador para compartir sus conocimientos en reparación de baterías de vehículos eléctricos con trabajadores locales. Lo mismo para Fernando Correa, con ya tres décadas de recorrido en la planta viguesa, que ha acabado por convertirse en todo un veterano de estas misiones, con experiencias en Francia, Eslovaquia o Alemania en operaciones ligadas a nuevos lanzamientos. 

Sus casos son solo dos ejemplos de las oportunidades de desarrollo personal y profesional que ofrece trabajar en la que es la segunda empresa de Galicia por volumen de empleo — solo superada por Zara — y uno de los ejes tractores de las exportaciones autonómicas; además de pieza imprescindible de una compañía multinacional implantada en hasta 30 países de todo el mundo.

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“Se aprende mucho de la forma de trabajar 
de otros; 
y ellos también de ti. 
Resulta muy enriquecedor”

“Las personas han sido siempre nuestro principal activo. Nos enorgullecemos de haber contado siempre con una plantilla comprometida e implicada, dotada de una gran profesionalidad”, expresan desde la dirección de la planta de Balaídos, consolidada ya como referente del grupo y exportadora de ‘Know How’ al resto de las plantas de fabricación de vehículos de Stellantis

“Estas experiencias suelen ser la respuesta a la solicitud de otra fábrica y normalmente están ligadas al lanzamiento de nuevos vehículos. Están condicionadas por la situación de la planta Vigo en cada momento y sus posibilidades para dar respuesta a las necesidades específicas de otras fábricas, que solicitan un tipo concreto de competencias”, concretan y es que, detrás de la llegada de cada nuevo modelo, existe mucho más de lo que nos imaginamos.

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Noel Villapún y Alberto Martínez, de la planta de Vigo, durante su misión en la planta de Alemania. Cedida


“Todo un aliciente profesional”

“Las misiones son todo un aliciente. Resulta muy interesante conocer cosas distintas tanto en lo personal como en lo profesional. Es una oportunidad que me da la empresa y quiero aprovecharla”, valora así Noel Villapún, que trabaja en el Patio de Retoques (QCP) y enviado este año a Israel y a Japón al lado de su compañero Alberto Martínez.

“Israel es un país más occidental. Están muy preparados, trabajan de un modo muy profesional”, asegura Villapún, que reconoce que hay diferencias y es que cada fábrica tiene su estilo: “La forma de trabajar de Vigo es muy dinámica y resolutiva”, asegura para pasar a destacar de su posterior experiencia en Japón: “Una de las cosas que más me llamó la atención es que, además del Briefing del inicio de turno, todos los días dedican los últimos 20 minutos de la jornada a recoger y a limpiar su puesto y después realizan un corrillo de motivación y se despiden hasta el día siguiente”. 

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Un aprendizaje que crece y se retroalimenta

“Las misiones son experiencias muy enriquecedoras. Aprendes cosas de la forma de trabajar de unos y de otros y ellos también toman cosas nuestras. Además, me gusta viajar y me picaba la curiosidad. Sobre todo, estaba interesado en conocer otras formas de trabajar”, detalla por su parte un experimentado Fernando Correa, que actualmente desarrolla su actividad en el departamento de Calidad. Él es otro de los empleados de Vigo que está compartiendo su saber hacer en otras plantas del Grupo. En concreto, recientemente ha estado destinado en Rüsselsheim (Alemania) para realizar operaciones de retoque en los Opel Insignia y Astra y en el DS4.

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Antes que en Alemania, ya había estado destinado en Francia y también en la planta eslovaca de Trnava, donde permaneció dos semanas por el lanzamiento del Peugeot 208. Para él, no hay duda de que trabajar con personas de otras culturas y con otras formas de hacer las cosas es una experiencia enriquecedora. “En el patio de retoques de Trnava había rusos, polacos, húngaros, rumanos…un montón de nacionalidades. Con algunos de ellos no podías hablar porque no sabían francés ni español. En una ocasión tuve que pedir una remachadora a un trabajador ruso utilizando la mímica y me entendió muy bien”, recuerda divertido.

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