Mr. Bean vuelve a estar más vigente que nunca

Un niño prisionero

Trevor, un padre divorciado y desempleado encuentra trabajo como cuidador de una elegante mansión. Pero su trabajo y sus buenas intenciones -poder cumplirle un sueño a su hija, pese a la incredulidad de su ‘ex’–, se ven interrumpidas por un insecto muy astuto, que le generará más de un inconveniente.
La sinopsis oficial de la serie de Netflix, Hombre Vs. Abeja, reza: “Un hombre se encuentra en guerra con una abeja mientras cuida una lujosa mansión. ¿Quién ganará y qué daño irreparable sucederá en el proceso?”.
Trevor es interpretado por el gran referente de la comedia actual, Rowan Atkinson, actor, humorista y guionista británico, conocido principalmente por su papel de Mr. Bean, un tipo muy particular, vago, infantil y repleto de manías, que trata, a toda costa, de evitar realizar las tareas más sencillas y acaba complicándose aún más la vida.

La exitosa serie que llevaba el nombre del personaje se emitió desde 1990 hasta 1995, después Atkinson llevó su personaje a la gran pantalla, con las películas Bean Movie en 1997 y Mr. Bean’s Holiday en 2007.
En 2021 el intérprete expresó públicamente que el personaje se había vuelto “estresante, agotador y un poco predecible. Al final siempre sé cómo se va a comportar. Es un niño de 10 años prisionero en el cuerpo de un hombre; puede que crezca, pero me parece que sería una lástima”.

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Mr. Bean apenas hablaba y esto se debe no solo al tributo que hace el intérprete al cine mudo, curiosamente, durante la mayor parte de su vida, Atkinson sufrió un leve tartamudeo, razón por la que quizás haya sido tan reservado con su vida privada.

Juan Carlos Romero, profesor del Programa de Cine y Comunicación Digital de la Universidad Autónoma de Occidente y de la Facultad de Artes Visuales y Aplicadas del Instituto Departamental de Bellas Artes, considera que, “Atkinson es la continuidad de una tradición actoral muy grande. Este actor inglés contribuye a engrandecer el concepto de los actores del silencio, silentes –no mudos–, que apelan a una capacidad de telekinesis que contienen en sus cuerpos, transmiten la emoción y sus mensajes a través de su corporalidad y gestualidad”.

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Para Romero, “es el sucesor del comediante inglés Benny Hill, quien tenía un show televisivo de medianoche, que veíamos en Colombia. Él y Atkinson son los maestros de un género cómico-cinematográfico que se llama el gag. El maestro del gag es el maestro del silencio, no necesita hablar para explicar una situación, casi siempre son situaciones dramáticas o cómicas. El cultor de este estilo cinematográfico y que lo universaliza en el mundo entero es Charles Chaplin”.

En opinión de Romero, “cuando Rowan plantea su caracterización actoral a partir de lo que habla, se pierde la gracia, se desdibuja su encanto”.

Solo los grandes admiradores de Atkinson saben que este dista mucho de su personaje, Mr. Bean, que a diferencia de este no tiene un pelo de tonto, con un coeficiente intelectual de 178, antes de pensar en la actuación como carrera estudió ingeniería eléctrica en las universidades de Oxford y Newcastle e hizo un master en la misma materia en el Queen’s College de Oxford.

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Rowan Sebastian Atkinson nació el 6 de enero de 1955 en la ciudad de Consett, Reino Unido. Fue el menor de los cuatro hijos de Eric y Ella May Atkinson, quienes lo educaron en el cristianismo anglicano; uno de ellos murió cuando era bebé.

Lo de comediante, Rowan lo lleva en la sangre, solía ser el payaso de la clase.Sin embargo, se fue convirtiendo en un joven más tranquilo y reservado.

En la escuela preparatoria Durham Choristers School, fue compañero de Tony Blair, político laborista británico y Primer Ministro del Reino Unido de 1997 a 2007.

Desde hace muchos años mantiene una cordial relación con los miembros de la familia real británica, que le concedieron la Orden del Imperio Británico en 2013 y es amigo personal de Carlos de Inglaterra –a quien muchos comparan despectivamente con el personaje de Mr. Bean–. Goza del aprecio de la realeza inglesa, fue invitado a las bodas del príncipe Carlos y Camilla, a las de los duques de Cambridge y de Sussex.
Han sido 40 años de carrera en cine, televisión y teatro, de la cual ha derivado su fortuna que se calcula en más de US$ 150 millones.

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Ganó un Bafta con una serie de programas cómicos de la BBC, ‘The Atkinson People’, entrevistas satíricas con hombres famosos de ficción, que él mismo interpretaba, escrito por él junto a su amigo, el guionista Richard Curtis.

Junto a Curtis escribió también la serie Víbora Negra, un éxito gracias a su sentido del humor, sus diálogos shakesperianos y temas como la brujería o la relación entre la Iglesia y la Corona. Coescribió y actuó en la serie de comedia, Estas no son las noticias de las nueve, por la que ganó el Emmy y el premio British Academy Award al Mejor Programa de Entretenimiento. Fue reconocido como la Personalidad del Año de la BBC. Actuó en las películas Hot Shots 2, Scooby Doo, en la secuela de James Bond, Nunca Digas Nunca Jamás, en Ratas a la Carrera, Johnny English y Secretos en Familia.

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Muchos lo aman –o lo odian–, por su éxito: Mr. Bean, la serie original, de breve duración (5 años), tan solo tuvo 15 episodios que Atkinson coescribió junto a Richard Curtis, pero es tal su legado, que el personaje se utilizó en otros sketches, anuncios y programas, y ha tenido dos adaptaciones cinematográficas: ‘Bean, la película del desastre’ y ‘Las vacaciones de Mr. Bean’; además de una serie animada. La fama llevó a Mr. Bean a protagonizar la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, año en el que Atkinson anunció la retirada del personaje, pero de vez en cuando reincide.

“A Mr. Bean lo conecto y desconecto cuando quiero, lo dejo y me voy a casa. Tiene comportamientos con los que me identifico, le pasa a muchos. Hay quien desearía actuar tan expeditivamente como él”.

Polémico

Uno de los sketch del actor, emitido en BBC, le costó a la cadena británica más de 3.000 quejas y una investigación de Ofcom. Para recaudar dinero a favor de niños desfavorecidos, Atkinson se disfrazó como el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, conocido por apoyar al ala conservadora de los anglicanos, y lo caricaturizó de homófobo: “Cuando yo era un hombre joven heterosexual con algunas novias, recaudar fondos no era tan divertido como ahora…”. Welby era conocido por su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo.

Excéntrico inglés

El humor inglés tiene una larga tradición que se remonta al teatro isabelino, y tiene a los personajes cómicos de Shakespeare entre sus máximos representantes: el bufón del Rey Lear, el travieso Puck en ‘El sueño de una noche de verano’, o el bonachón Falstaff que aparece en ‘Enrique IV’ y su continuación son solo algunos de los prototipos del inglés excéntrico en los que se basa ese “producto altamente civilizado”, como decía Chesterton, que es el humorismo.

En esa nómina debe incluirse a otros como el reverendo Yorick y el tío Toby Shandy, personajes cómicos de Laurence Sterne, así como a Samuel Pickwick y Samuel Weller, creados por Charles Dickens, que consagraron en el siglo XVIII y XIX la llamada excentricidad inglesa, un producto tan típico como el sombrero bombín y un plato de “fish and chips”. En el siglo XX, el excéntrico inglés no fue otro que el pobremente elegante Charlot, creado por Charles Chaplin, y en los años 90 y principios del siglo XXI, el innegable sucesor de todos ellos es Mr. Bean, ese ángel caído en continua lucha por adaptarse a la vida práctica, creado por un genio del humor, que reúne todas las señas distintivas de la cultura inglesa, como es Rowan Atkinson.

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La excentricidad de Mr. Bean se basa en una ironía del llamado pragmatismo inglés, por eso, el personaje es como un marciano en la tierra que inventa sus propias formas de adaptarse a la realidad, escogiendo siempre la más absurda que, sin embargo, termina por serle útil, y para ello, Atkinson se basa en las técnicas de la comedia visual.
Como afirma el director teatral y dramaturgo, Orlando Cajamarca, “es un actor cómico que si bien se instala recreando acciones de la vida cotidiana de la sociedad moderna, recurre a la tradición cómica del cine mudo de los grandes maestros del género como Chaplin y Keaton”.

En familia

Del humor al amor hay un paso, y Rowan Atkinson no es la excepción a la regla. En 1990 se casó con Sunetra Sastry, conocida maquilladora de la BBC, con quien tuvo dos hijos, Lily y Benjamin.

Sobre su primera cita con Sastry, Atkinson aseguró que no le dijo nada en toda la velada salvo una cosa, que le pasara la ‘ketchup’. Fueron 24 años de matrimonio, pero se divorciaron en 2015.

Desde 2017 está enamorado de Louise Ford, actriz cómica, 29 años menor que él ( Kate Middleton en la serie The Windsors). Hubo flechazo desde que trabajaron juntos en la obra de teatro Quatermaine’s Terms. Ella lo hizo padre de un tercer hijo a sus 62 años.

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Otra de las pasiones que motivan a este actor e ingeniero son los automóviles. Alguna vez dijo que uno de los mejores momentos de su vida fue cuando obtuvo la licencia para conducir camiones. Eso se debe a que, cuando era niño Atkinson adoraba conducir el tractor de su padre, quien era granjero y consejero empresarial.

La estrella posee una impresionante colección de vehículos, incluyendo un Ashton Martin y un coche de F1 de McLaren. No ha estado libre de accidentes, ha tenido dos con un Ashton Martin: uno en octubre de 1999 y en 2011, cuando chocó contra un árbol y el carro acabó ardiendo; por primera vez en el Reino Unido, una compañía de seguros tuvo que pagar más de un millón de libras por una reparación.

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Otro momento en que corrió riesgo mortal, fue cuando en un viaje familiar en avión rumbo a Kenia, en el 2001, el piloto se desmayó y la aeronave se precipitó al vacío. Sin embargo, el mismo Rowan consiguió estabilizarlo antes de que el conductor despertara, literalmente salvándolos a todos. Un episodio completamente inesperado, quizá para un capítulo de Mr. Bean.

Más allá de sus excentricidades, está la genialidad del cómico, como señala el dramaturgo, Orlando Cajamarca: “Sus gags resultan absurdos como suelen ser los efectos cómicos, cargados de ingenuidad y sorpresa, porque siempre rompen la lógica cotidiana. Sus gestos torpes, inocentes y tiernos, expresados en el silencio, están cargados de onomatopeyas, no por las carencias técnicas, como podría pensarse, como sucedía en el cine silente de comienzos del siglo XX; por el contrario, aquí sus silencios son signos poéticos del lenguaje gestual, de la comedia física, que crean un nuevo cine mudo, reinventado con Mr. Bean de manera auténtica y virtuosa”.

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