Muere Javier Marías, el gran escritor español del último medio siglo

“Nadie sabe el orden de la muerte”, escribió alguna vez Javier Marías. Habló del ingeniero y escritor Juan Benet, de su temprana marcha; de premios que nunca se entregaron. Javier Marías había reconocido en numerosas ocasiones la importancia personal y literaria de Benet en su vida, de modo que su muerte el 5 de enero de 1993 agravó la orfandad del escritor, que quizás se inició prematuramente con la de su madre, Dolores Franco, o Lolita, como ella, en una lejana mañana de Navidad del 24 de diciembre de 1977, dos meses después del suicidio en París del médico y escritor Aliocha Call, con quien había mantenido entonces “una breve pero estrecha amistad”, y durante la muerte en oleadas de ausencia determina la vida, la joven Marías, que hace unos años se licenció en filosofía y letras, deja la ciudad de Barcelona donde trabaja y regresa a su ciudad natal de Madrid para vivir con su padre viudo. Poner Julián Marías, filósofo, académico y escritor, será otra figura clave en la vida de Javier. Afortunadamente no lo dejará pronto, ya que ambos compartirán casa y libros hasta la muerte de su padre a los 91 años, una Navidad el 15 de diciembre, el mes que para Javier Marías siempre será un año lejano, feliz y la infancia definitiva sería la orfandad.

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Don Julián Marías, “una de las personas que más clara idea tuvo de España, de lo que es este país, de lo que España le debe al mundo y de lo que España tiene para ofrecer”, como decía de él, fue injustamente castigado don Gregorio Salvador por sus ideas políticas en un país que “era bastante tacaño con mi padre”, como recordaba Marías, sin poder perdonarle. Esa herida cicatrizó en una idea argumental que el autor convirtió en la trama (y el reverso) de Tu cara mañana, un homenaje al padre, un vasto proyecto literario que él mismo llama su “mejor novela”, “la más compleja” considerada y ambicioso” y “con mayor aliento, garbo y vigor” en sus páginas. Una novela en tres volúmenes, traducida a 30 idiomas y de la que se han vendido casi medio millón de ejemplares en todo el mundo, con la pregunta de un rostro que mañana no tendrá rostro, la desaparición de Javier Marías a los 70 años El final de este verano bochornoso ha convertido los calendarios de millones de lectores en un diciembre sombrío.

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Javier Marías nació el 20 de septiembre de 1951 en el signo de la literatura. Es el menor de cinco varones (el mayor, Julianín, murió a los tres años) y el ambiente intelectual definido por una madre maestra y un padre filósofo define su personalidad. Bajo la presión de la situación política en España, su padre pasó una larga temporada en los Estados Unidos, donde enseñó en varias universidades como Wellesley College en Massachusetts. Allí la familia vive en la casa de Jorge Guillén, cuyo piso superior lo ocupa Vladimir Nabokov. Tal vez los llantos del pequeño Javier, que apenas tenía un año y a veces perturbaba su sueño, el ajedrez o la lectura del escritor ruso, al que años más tarde rendiría homenaje aquel niño que se convirtió en un célebre novelista, quizá para compensar las involuntarias perturbaciones. , en un disco precioso: ‘Desde que te vi morir’ (1999).

El hijo de María lee Richmal Crompton, Enid Blyton, Dumas, Salgari, Corbert, Paul Féval, Verne y, por supuesto, los cómics de Tintín. Pero como explicó en una ocasión su amigo, el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte, “yo quería ser Tintín, y Javier quería escribirlo”. Desde los once años, Javier escribe, como él dice, «leer lo que me gusta». Veranea con su familia en Soria, en casa de Heliodoro Carpintero y sus hermanas Mercedes y Carmen, terminando La víspera, novela que escribió a los quince años y que nunca llegó a publicar. Es al menos singular que muchos años después, las dos mujeres más cercanas a la madurez de Javier (su amiga y asistente Mercedes y su pareja sentimental Carmen) cierran nominalmente el círculo en una biografía que creció con la estructura narrativa de su obra: en un extraño forma espiral

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vida escrita

Antes de cumplir los veinte, Javier huyó a París, donde trabajó en su primera novela publicada, Los dominios del lobo (1971). Por la mañana escribe, por la tarde va al cine y por la noche canta con acompañamiento de guitarra en los Campos Elíseos por unas monedas para ganarse la vida, “básicamente pan con mostaza”, según cuenta el propio declaración. A partir de entonces, la escritura es su relación con la vida y el mundo: redacta guiones para guiones, completa sus estudios de inglés, traduce autores clásicos, publica cuentos y cuentos y comienza a trabajar alternativamente con artículos de prensa, esto con la publicación de dos novelas: “Cruzando el horizonte” (1972) y “El monarca del tiempo” (1978). Abre la década de los 80 con El siglo (1982), su cuarta novela, y comienza una década de viajes y universidad, esta vez como docente: Oxford, Londres, Boston y Venecia, donde nace El hombre sentimental (1986). . Cierra estos fructíferos años con la publicación de Todas las almas (1989), que destila un territorio personal muy reconocible: una falsa novela autobiográfica le permite construir un relato autobiográfico real, pero sin parecerlo, en un entorno inquietante ya veces extraño.

La década de 1990 se convierte en la década de consolidación del gran novelista: publica “Corazón tan blanco” (1992), con la que recibe el reconocimiento unánime de la crítica nacional e internacional, que lo catalogan como uno de los mejores escritores en lengua española. Escribe Mañana en la batalla piensa en mí (1994) con gran éxito y comienza a escribir una de sus obras de referencia en este singular, complejo y exclusivo territorio de Marías: Black back of time (1998).

El premio Nobel que no fue uno

Aunque Javier Marías consolidó su carrera como novelista, nunca abandonó su pasión por la traducción y por escribir cuentos, cuentos y artículos literarios. Muchos de ellos se publicaron durante esta década, cuyo final coincidió con un acontecimiento extraordinario: el nombramiento de Xavier I de Redonda y la creación de una de las editoriales más singulares y emblemáticas del mundo (por su prestigioso catálogo de títulos, autores, prólogos, traductores de significación internacional además de ser el editor de un reino inexistente): Reino de Redonda. (No puedo evitar decir que en una tarjeta de agradecimiento por un artículo que escribiste, el Rey Javier I te nombró “Ciudadano de Honor” del Reino de Redonda, que es el honor más alto que puede ganar un lector en un territorio de libros ) .

En los primeros años de este siglo, el novelista acepta la propuesta de convertirse en un académico de la lengua, que siempre rechazó por respeto a su padre. Apareció con el discurso “La dificultad de contar historias”, que D. Francisco Rico resumió jocosamente así: “JM comenzó su discurso con una confesión de humildad y terminó con una manifestación de arrogancia”.

Javier Marías ocupó el sillón R, dejado vacío por don Lázaro Carreter y que lamentablemente vuelve a estar vacío, como su etiqueta en el guardarropa académico que hoy ocupa un lugar y devora un nombre.

Marías nunca abandonó su pasión por la traducción, escribiendo cuentos, cuentos y artículos literarios.

Con más de una treintena de premios nacionales e internacionales, incluido el Premio Nacional de Narrativa, que rechazó rotundamente, el escritor pasará a la historia de la literatura como candidato permanente al Premio Nobel. Al elegante Vicente Aleixandre, penúltimo Premio Nobel de España, le hubiera gustado ver a este chico algo tímido de frac, que a veces aparecía en las reuniones de Velintonia, llevándose consigo un futuro brillante lleno de libros.

Los que quedamos atrás en este panorama cada vez más lúgubre seguimos luchando para que Velintonia no se desmorone, para que no se olviden los versos del premio Nobel Aleixandre, y ahora lucharemos para mantener viva la acusación de los torpes que también recibió el jurado sueco por el error de aplazar inexplicablemente el Premio Nobel de Javier Marías, que nunca podrá ser.

sombra y adios

Las últimas novelas de Javier Marías, tras su trilogía Tu cara mañana (2002-2007), son quizás las más emotivas; como si aquel hombre treintañero sentimental hubiera vuelto a apoderarse de la máquina de escribir Olympia Carrera de Luxe en la que el novelista de hoy, el septuagenario Javier Marías, conducía a editores, correctores y ayudantes que nunca enloquecían la elección vital entre el romance y el pragmatismo continuado para escribir sus letras: “Los Enamoramientos” (2011), “Berta Isla” (2017) y “Tomás Nevinson” (2021). Novelas reconocidas, premiadas, leídas y admiradas que narran “a la manera de Marías” la premonición del fin del mundo que él ha tejido en la aparentemente simple pero sombría cotidianidad de mujeres silenciosas y hombres ausentes atados por sentimientos de culpa , Muerte, Lealtad y Amor y tramas con la madurez narrativa de casi tres décadas de andar por los tilos de la ficción.

A los lectores de Javier Marías, que son legión, les gustaría imaginar que en sus últimas horas en coma en el hospital, despertó de repente como un sereno y magnífico Don Quijote y, sin reconocer los rostros que le rodeaban, preguntó confundido por qué no a sus amigos. había venido a visitarlo.

“Ya estamos aquí, Javier. Estamos.

– No, no lo eres. ¿Dónde están Baroja, Cervantes, Dumas, Sterne, Conrad, Melville, Stevenson? ¿Dónde estaba ese bribón de William? ese gran bardo pícaro? Dile que si no viene a mi cama de inmediato, nunca volveré a llevar su cara en mi solapa.

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