no dijo ni una palabra hasta llegar a Santiago

Casi mil kilómetros en el más absoluto silencio. Sin abrir la boca ni para pedir tiritas para los pies destrozados, ni para pedir agua, ni para saludar a sus compañeros con el clásico «¡buen camino!», la que ha de ser la muletilla más utilizada en cualquiera de los Caminos de Santiago. Manuel Mariño partía desde Sevilla con un objetivo: pisar la Plaza del Obradoiro sin haber dicho ni una palabra. Lo logró, y no una, ni dos, sino tres veces.

Mariño no lo hizo por completar ningún reto, ni tampoco era una apuesta entre amigos: «Me dedico a trabajar con reducción de estrés», cuenta a ABC. Imparte clases de mindfulness en un máster de la Universidad de Zaragoza, el Camino en silencio forma parte de una estrategia de Mariño para «tener herramientas para dárselas a otras personas y que sufran menos». Concretamente, dirige retiros en un monasterio en La Rioja, donde el silencio es clave indispensable: los participantes, algunos alumnos del máster, están en este retiro incluso por semanas. La ruta peregrina le sirve para estudiar nuevas formas, dice, de «ayudar a las peronas». De todas formas, asegura, también emprendió esta aventura (que completó, además de desde Sevilla, desde Porto y Braga) para «vivir la experiencia». El ámbito profesional y el personal no tienen por qué ir separados, explica a este diario.

Leer :   Ingeteam Sesma implanta un sistema de gestión positiva de conflictos junto a Mediación Navarra

Y profundiza: Mariño no es capaz de reconocer una motivación concreta que le haya llevado a hacer ninguno de los muchísimos Caminos que recorrió. La motivación primigenia «se diluye» con el tiempo, a medida que las piernas suman kilómetros y kilómetros. La experiencia en sí puede ser un buen móvil, pero «no la motivación absoluta, somos seres poliédricos y nuestras circunstancias cambian». «Hay muchos factores que inciden» para llevarte a tomar la decisión de iniciar el peregrinaje con la Catedral compostelana como línea de meta.


Manuel Mariño


MIGUEL MUÑIZ

A lo largo de sus Caminos mudos, Mariño asegura haber llegado a muchas conclusiones. La más importante, quizá, tiene que ver con la forma en la que «nos relacionamos con las cosas que nos suceden». Recorría el peregrino silencioso la Vía de la Plata, partiendo desde la ciudad andaluza, con su equipaje, un cartel en el que se leía ‘Camino en silencio’ y sin decir una palabra. En uno de los albergues se encontró comiendo con un grupo de unos catorce o quince peregrinos, que discutían delante de sus narices sobre por qué no hablaba. «Cada uno decía una cosa diferente, uno que no sabía hablar, otro que no hablaba español…», recuerda ahora sonriendo Mariño. «Cada uno de ellos creaba su relato, y ninguno era el real. Para mí fue como una visión, no vemos la realidad objetiva». Una reflexión que relaciona con el sufrimiento y el estrés: «El sufrimiento no se produce por lo que nos pasa, sino por la manera en la que nos relacionamos con lo sucedido». «Eso tiene que ver con la narrativa que cada uno se construye, y cuando vas en silencio, te das cuenta de todas esas cosas», concluye.

Leer :   Empleados satisfechos, empresas de éxito | Bienestar en la empresa

«A veces fue difícil»

Han sido muchos días en los que los diálogos solo podían ser interiores, pero asegura Mariño que no tuvo que abrir la boca «en ningún momento». Y eso que, antes de calzarse las botas y comenzar su silencio al arrancar la primera etapa, se permitió cierta flexibilidad: «Mi premisa era que no diría nada a no ser que fuera grosero para el otro, pero la gente es muy respetuosa» y la única forma de comunicación que utilizó, cuando era imprescindible, fue la escritura.

Y eso que a medida que pasaban los días y el Obradoiro se acercaba, los problemas iban apareciendo: «En algunos momentos fue difícil, tuve complicaciones con los pies, tuve que ir al fisio…» y, aún así, no dijo ‘ni mú’. Es más, cuenta Mariño que el mayor obstáculo fue él mismo. En ocasiones, cansado de ser un mudo temporal, sentía las ganas imperantes de decir algo, pero siempre pudo contenerse, relata. A fin de cuentas, por su profesión, también tiene la costumbre de no decir nada, de forma voluntaria, más interiorizada que el resto.

Leer :   Erviti, Rojas, Lluís Mas y Torres continuarán con Movistar Team en 2023

El peculiar peregrino se convirtió en una especie de microcelebridad dentro de las rutas. Una vez llegó a un albergue de Zamora y el hombre que lo regentaba ya sabía que lo iba a acoger, pues el resto de gerentes de hostales se lo habían comentado. Su última experiencia es más reciente, hace apenas unos días. Relata: «Yo vivo en el Camino, entre Santiago y Finisterre», por lo que los encuentros con peregrinos son habituales. El pasado sábado «iba caminando a Santiago a visitar a un amigo, y me crucé con varios peregrinos. Les decía ‘¡buen Camino!’, y un hombre de un grupo me grita: ‘¡Eh, tú eres el que no hablaba!’». Mariño se sorprende, «me recorrió una energía por todo el cuerpo, se me erizaron los pelos», explica con alegría. Con aquel hombre había compartido un autobús años atrás, en Porto, mientras hacía, en silencio, el Camino Portugués.

Leer :   #ValenciaCF | Guillamón: "Gattuso nos ha llenado de energía a nosotros y a la afición"

Hace 30 años que Manuel Mariño hace el Camino. Entre las veces que lo hace «para mí» y cuando lleva a grupos, su otra actividad profesional, perdió hace mucho la cuenta de cuantas veces llegó al Obradoiro.