OPINIÓN | Bajo la misma estrella, de María José Osorio | astrología | horóscopo | SON

Tengo 12 años y estoy parado junto a mi mamá en el supermercado, esperando en la fila. Estoy ansiosa porque quiero que me compre algo. No quiero dulces ni productos de belleza, sino la edición de Vanidades de principios de este año, que incluye un horóscopo especial de casi 10 páginas. Suplico con mis ojos y ella acepta, tal vez interesada en el interior especial real.

No llegamos a casa y ya estoy destrozando el plástico que envuelve la revista y corriendo a mi cuarto a encerrarme a leer. Paso las páginas hasta que llego a Leo. Por supuesto que soy Leo: creativo, ambicioso, apasionado. Sé lo que quiero y no tengo miedo de ir por ello. También hay defectos asociados con ser Leo, pero obviamente no me identifico con ellos.

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Mes a mes repaso lo que las estrellas y los planetas tienen preparado para mí y para los millones de personas que compartimos ese signo, lo cual es algo absurdo si uno lo piensa bien, pero a los 12 años nada se piensa bien. Por supuesto, una vez que termino de leer mi horóscopo, paso a leer el del chico que me gusta, para ver si el universo ha dejado alguna pista oculta.

Leer :   lunes, 25 de julio de 2022

Para mi cumpleaños número 15 tengo una reunión de celebración en mi casa. Mi mamá tiene una sorpresa: viene una niña a leernos las cartas. Estoy emocionado. Mi pequeña obsesión por saber qué me tienen preparado los astros sigue intacta. Me siento en la mesita que hemos designado para esta adivina, esta experta en las áreas del destino que usa jeans, suéter y parece no tener más de 20 años.

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Le pregunto sobre el amor, la escuela. Me da respuestas un tanto vagas que hábilmente sobreinterpreto. Estoy satisfecho. El futuro, una vez más, se siente menos borroso. ¿Qué nos atrae tanto de la astrología? Si uno lo piensa un par de veces, esta idea casi narcisista de que el universo en su inmensidad está, de alguna manera, tramando a favor o en contra de nosotros, que nuestras vidas y destinos están diseñados y afectados por lo que sucede a millones de años luz de distancia.

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No tiene sentido, pero le damos sentido, porque apela a tres búsquedas esencialmente humanas: pertenencia, identidad y control. Somos seres sociales. Nunca dejamos de querer ser parte, de buscar nuestra tribu. Estar junto a otros bajo el paraguas de un signo nos reconforta, nos hace sentir menos solos, nos da una base común sobre la que construir.

También nos permite descartar a quien no nos gusta, diciendo “es porque es Escorpio”. Por otro lado, está la atracción de que hay ciertas cosas “predeterminadas” en nosotros, características casi inamovibles que moldean nuestra forma de ver el mundo y la personalidad. ¿Es esto realmente un producto de nuestra genética y del entorno en el que crecimos? Sí. Pero nadie hace buenas agendas sobre genética.

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Tener estas descripciones de lo que somos, sin necesitar más que nuestro año de nacimiento, es un bálsamo, un respiro de la crisis existencial permanente en la que vivimos. Y finalmente: controlar. Sin duda, el mayor atractivo para mí. Lidiar con la vida en su permanente aleatoriedad y barajar las cartas es difícil para mí. Ante la proximidad de cualquier situación, analizo todos los escenarios posibles para “prepararme”. Quizá por eso terminé escribiendo guiones: por la satisfacción de poder controlar exactamente lo que sucede a continuación.

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Los horóscopos a veces se sienten como un pequeño guión de nuestra vida, un hack al sistema, un antídoto efímero contra la incertidumbre constante que es vivir. Dudo que el movimiento de los planetas influya en que te asciendan o no en el trabajo, y que tu relación no funcionó porque él era tan Tauro y tú tan Géminis. A veces solo queda aceptar la cruel y humana realidad de que aquí estamos solos y somos producto de nuestras decisiones, pero aún esperaré para tomar esas decisiones cuando Mercurio no esté retrógrado. //