Retrato de Pablo Álvarez, el nuevo astronauta español: “No buscan genios, sino gente que no falle”

El ingeniero aeronáutico Pablo Álvarez Fernández (León, 1988) salió el viernes pasado de la planta de Airbus Getafe donde trabaja como Jefe de Proyecto de aviones comerciales y se reincorporó ayer a su puesto convertido nada menos que en astronauta. Ni sus jefes ni sus compañeros podían imaginar que el domingo cogería un avión a París y estaría tres días recluido “en un lugar secreto” junto a los otros 16 seleccionados para el cuerpo de astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA), entre los que también figura la biotécnologa leonesa Sara García.

“Cuando me llamó el director de la ESA, Josef Aschbacher, para invitarme a París, ya supe que formaría parte de la promoción [compuesta por cinco astronautas de carrera, 11 reservistas y el primer astronauta con discapacidad]. Pero lo que no podía imaginarme era que iba a ser titular”, asegura durante una entrevista en el edificio en el que seguirá trabajando hasta que el 3 de abril se mude a Colonia (Alemania) para iniciar su duro entrenamiento como astronauta de la ESA.

Durante 13 días tuvo que mantener “en absoluto secreto” que había sido elegido para el cuerpo de astronautas y (casi) lo cumplió a rajatabla: “Mi hermana se enteró por la prensa y le pido perdón, aunque la verdad es que sí que se lo dije a mis padres el día anterior. Antes tuve que fingir que no pasaba nada”.

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No podrá abrazarlos en persona hasta mediados de diciembre, cuando vaya a visitarlos a León. Y es que desde que el miércoles se hiciera público su nombramiento no ha parado. Todos quieren hablar con él y apenas ha dormido pero no se le nota porque responde a todas las cuestiones sin prisas, con gran entusiasmo y amabilidad: “Ha sido un proceso bastante estresante”, señala el ingeniero, que va a cogerse las vacaciones que tenía previstas para el puente de diciembre, a un lugar que prefiere no revelar.

EL MUNDO le acompañó el viernes durante su primera mañana de trabajo tras haber sido elegido astronauta, aunque trabajar, trabajar, trabajó poco. Tuvo muchas llamadas y sus compañeros querían felicitarlo y tomar café con él. También se acercaron a saludarlo colegas que no lo conocían pues en esta planta madrileña, la tercera más grande de Airbus en Europa, trabajan 5.000 personas.

Su jornada habitual empieza a las 7.45 horas y acaba en torno 16.45, comen en el restaurante del complejo, en la zona exterior cuando hace buen tiempo, y viaja con cierta frecuencia a las plantas de Toulouse, Illescas y Puerto Real. “Le vamos a echar mucho de menos”, dice la jefa de Pablo, Josefina Golmayo. La responsable de la oficina de gestión de proyectos de Airbus le describe como “el perfil idóneo que cualquier responsable querría tener en su equipo”. De su carácter destaca “su motivación, su espíritu de equipo y sobre todo su humildad”. También menciona “su perseverancia, un trato excepcional a nivel humano y laboral con sus compañeros y clientes, así como un amplio conocimiento técnico y de gestión de proyectos”.

Le vamos a echar mucho de menos… es el perfil idóneo que cualquier responsable querría tener en su equipo

Josefina Golmayo, jefa de Pablo Álvarez en Airbus

Su mesa de trabajo es la esencia del minimalismo, sólo tiene la base del portátil y dos pantallas, no hay papeles ni bolígrafos: “Creo que es el escritorio más sobrio de todo Airbus”, bromea. Tampoco tiene fotos, objetos o plantas: “Se me ha llegado a morir un cactus”, confiesa entre risas.

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Tiene todas las papeletas para convertirse en una de las personas más famosas de España aunque asegura que no le ha dado tiempo a pensarlo: “Es imposible de digerir por la velocidad a la que está sucediendo todo. En la ESA nos han avisado y creo que el perfil psicológico de los elegidos está muy cuidado para afrontar esto”.

También piensa que “hay mucho mito sobre cómo tiene que ser un astronauta pero cada vez está abierto a más gente y los requisitos son ahora diferentes. Los riesgos se van reduciendo y se va ampliando el espectro de las personas que pueden viajar al espacio. No buscan genios, sino gente que no falle”. Él se considera un ejemplo. Mandó su solicitud a la ESA aspirando al puesto de parastronauta, el primero que se crea para una persona con discapacidad, ya que no tiene movilidad completa en el tobillo izquierdo aunque nunca le ha impedido hacer nada. Pero le eligieron para ser titular.

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“He hecho mucho deporte toda mi vida. Puedo jugar al fútbol, he corrido medias maratones, triatlones, me encanta la montaña, ir con mis amigos a los Picos de Europa y he subido algún pico bastante alto, como el Salcantay de Perú”. También juega a tenis de mesa y le encanta el ciclismo, una afición que casi le cuesta cumplir su sueño: “En medio del proceso de selección me caí de la bici bajando la Camperona, que es un puerto de montaña de León muy complicado y me rompí la clavícula.

“En medio del proceso de selección me caí de la bici y me rompí la clavícula. Me operaron dos veces y ahora llevo una placa de titanio que va a volar al espacio conmigo

Es del Barça -“a los cuatro años me operaron del pie en Barcelona y me llevaron al Camp Nou”-; su plato favorito es el pulpo a la gallega y cuando está fuera de España echa de menos, “además de a su amigos y su familia”, la cecina.

De León al espacio

Nació y se formó en la ciudad de León: “Como todos los de allí tenemos el pueblo de nuestros padres donde veraneamos de pequeño. Sabugo, que tiene un habitante todo el año y Garueña, 4 o 5; en verano se multiplica e igual llegamos a 20 personas”.

Ya de pequeño era buen estudiante aunque subraya que a lo largo de su vida siempre ha estado rodeado de “gente que sacaba mejores notas y era más lista”.

Su padre trabaja en una empresa funeraria y su madre ha trabajado como limpiadora y cocinera. Mientras que su hermana decidió ser profesora, él estudió Ingeniería Aeronáutica en la Universidad de León, al igual que la astronauta reservista Sara García pero a pesar de tener la misma edad, no se conocían: “Las vallas de nuestros colegios en el barrio de Pinilla están a cinco metros. Nos habremos cruzado mil veces pero nos hemos conocido durante el proceso de selección”.

Tras graduarse en León, se marchó a Polonia para hacer un máster de Ingeniería Aeroespacial en la Politécnica de Varsovia. “En cuanto lo terminé me tuve que poner a trabajar. Fue un momento un poco confuso de mi vida porque quería seguir fuera de España y eché currículos a todas partes. La entrevista más rara fue para un radiotelescopio [ALMA] en el desierto de Atacama (Chile), que no salió. También lo intenté en un programa de formación en Baikonur (Kazajistán) pero como era una beca vinculada a la Agencia Espacial Europea me rechazaron por no tener nivel suficiente de francés. Hice también otra entrevista para trabajar en Mitsubishi en Japón. Acabas, tienes todo el mundo abierto y dices, ¿qué quiero hacer? Pero fue más fácil empezar en España porque necesitaba el dinero”.

Muchos currículos de los candidatos a astronauta daban mil vueltas al mío y no me da ninguna vergüenza decirlo…había gente excepcional y humilde

Así que estuvo dos años en Madrid en Atos (subcontratista de Airbus), luego tres años en Bristol, y después siete meses en la multinacional francesa Safran. “Entonces me llamó Airbus para trabajar en Reino Unido en el desarrollo del rover marciano ExoMars”, cuyo lanzamiento se ha vuelto a posponer por la guerra en Ucrania, pues la ESA ha cortado la colaboración con los rusos con los que hacía esta misión cuyo despegue está previsto para 2028″. De hecho él trabajó con Roscosmos, la agencia rusa, en el desarrollo de un calentador con plutonio radiactivo que sirve para que el vehículo robótico sobreviva a las frías noches de Marte. Asegura que lleva a este robot en su alma: “La broma que me hacen mis amigos es a ver quién vuela antes, si el rover o yo”.

En marzo de 2020, siete días antes del confinamiento, volvió a Madrid para incorporarse a su empleo actual: “Mis maletas de la mudanza se quedaron bloqueadas tres meses en la frontera. Me dio tiempo a coger un apartamento muy pequeñito en el barrio de Lavapiés. Acababa de empezar, imagínate, llegas a un trabajo nuevo y fue una montaña rusa. Cuando decían, ‘cómo estará la gente que vive en un piso de 30 metros, solo, sin terraza’…pues ese era yo”.

Cuando decían, ‘cómo estará la gente que vive en un piso de 30 metros, solo, sin terraza’…pues ese era yo durante el confinamiento

A su madre no le ha hecho ninguna gracia que quiera ser astronauta: “Mi padre me animó mucho aunque ahora le ha entrado más miedo. Mi madre tenía mucho miedo desde el principio aunque ya lo va asimilando. Se enteró por la tele que había salido la convocatoria y no quería que la viera porque sabía que iba a aplicar. Un día le pedí que me hiciera unas fotos, y al día siguiente, cuando estábamos en el cumpleaños de unos vecinos, me dijo, ‘¿No querrás las fotos para presentarte a astronauta?’ Le respondí que que sí, y me dijo, ‘si lo sé no te la saco'”.

El camino para convertirse en astronautas

El proceso de selección, al que han concurrido 1.300 españoles, ha tenido seis fases. La primera era el filtrado de currículos, que era la más difícil pues descartó el 90% de candidaturas. “De los 22.500 iniciales se quedaron con 1.350 que fuimos a fase 2, que fue un examen psicométrico en Alemania que duró 11 horas en la que miraban absolutamente todo. Pasamos unos 450 a la fase de habilidades sociales: cómo trabajas en equipo, una primera entrevista, perfil psicológico. Luego las pruebas médicas, que son super exhaustivas pero son muy distintas a lo que vemos en las películas. No hay torturas”, bromea.

A López le ha impresionado la cantidad “de gente excepcional y muy humilde” que ha conocido en el proceso de selección, pero sobre todo gente con mucha pasión: “Muchos currículos daban mil vueltas al mío y no me da ninguna vergüenza decirlo”, añade.

Creo que la ESA ha cogido sobre todo a la gente a la que nos brillan los ojos cuando hablamos del espacio

El ingeniero no tiene pareja ahora y cuando le decimos que seguramente ahora va a ligar más responde con una sonrisa y con un “no tengo mucho tiempo”. No exagera. Antes de volar al espacio le esperan como mínimo cuatro años de entrenamiento y tendrá que aprender alemán y ruso (ya sabe inglés, francés y polaco, aunque éste último lo tiene “un poco oxidado”). Tendrá un año de entrenamiento básico, otro en las agencias de todos los países con módulo en la Estación Espacial Internacional, y una vez le asignan una misión, otros dos años de entrenamiento específico enfocados a operaciones o experimentos que tenga que hacer en el espacio.

Antes de 2026 no podrá volar al espacio y con suerte, en 2025 alunizarán los astronautas de la NASA Artemisa 1. En principio la ESA tiene tres asientos para el programa Artemisa y aunque afirma que le gustaría ir a la Luna, se muestra cauto y recuerda que “no van a enviar a nadie a Artemisa sin que haya ido antes a la ISS. Si hay algo seguro en este negocio es que hay que estar siempre preparado para lo inesperado, tener cintura y ser flexible”.

Si hay algo seguro en este negocio es que hay que estar siempre preparado para lo inesperado, tener cintura y ser flexible

¿No le da miedo subirse a una nave espacial? “Un poco de miedo se siente pero tiene que ser un miedo que puedas convertir en respeto al cohete para estar lo mejor preparado posible ante cualquier eventualidad para reducir los riesgos al mínimo”.

Pedro Duque, su referente

Durante su formación como astronauta contará con el apoyo de Pedro Duque, al que considera su referente: “Sin él igual no hubiera estudiado aeronáutica, desde el primer día me ha escrito”. ¿Qué consejos le ha dado: “Lo que nos ha dicho es que ya hablaremos con calma porque hay muchos consejos que dar”.

Se muestra ilusionado con las muestras de cariño y los mensajes que ha recibido estos días de muchos niños: “Ojalá que podamos despertar esa chispa en ellos para que estudien cualquier carrera científica”.

El ingeniero considera que “somos una potencia emergente en el espacio” y se muestra muy satisfecho de lo logrado por durante la Cumbre Interministerial de la ESA en París celebrada el 22 y 23 de noviembre con los países miembros para acordar los presupuestos y proyectos de los próximos años: “España ha vuelto con dos astronautas pero hemos conseguido un montón de proyectos industriales y científicos. Cada euro que se invierte en espacio, tiene un retorno que se multiplica por cuatro”.

Todavía no ha hablado con los Reyes pero en medio de la entrevista le llama el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. Le preguntamos por la candidatura de su ciudad a albergar la sede de la futura Agencia Espacial Española, para la que se han presentado una veintena de localidades: “Si algo tenemos los leoneses es que llevamos la bandera de León allá donde vamos, espero que cojan la sede que sea más adecuada, pero desde un punto de vista personal me encantaría que la agencia espacial estuviera en León”, reconoce.

“Tengo muchos amigos de los de toda la vida que han estudiado ingenierías, medicina, etc. El año pasado nos juntamos 18 en Nochevieja y viendo la foto que nos hicimos, me di cuenta de que ninguno vive en León porque no hay oportunidades para los jóvenes pese a que tenemos una universidad estupenda y nos forman. Tengo amigos superbrillantes a los que les encantaría volver si hubiera oportunidades. A mí también me gustaría volver cuando acabe toda esta aventura”, reconoce.

Asegura que también se siente muy europeo: “He vivido 10 años en distintos sitios y de cada sitio te quedas con algo. Siempre se dice que como en España no se vive en ningún sitio, es verdad pero se vive distinto y hay que saber disfrutarlo”.

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