su legado sigue vivo en las redes sociales

los antibelicismo, mandatos familiares, feminismo y la preocupación por el humor social y político en la Argentina que Quino abordó en su obra se resignifican con la lectura de las nuevas generaciones y la circulación en redes sociales y, noventa años después de su nacimiento, esas reflexiones siguen iluminando el presente porque son frescas, actuales y conmovedoras.

Joaquín Salvador Lavado Tejón nació en Mendoza el 17 de julio de 1932, pero ya entonces su familia lo apodaba “Quino” para distinguirlo de su tío, Joaquín Tejón. Luego de construir una sólida carrera como dibujante y dibujante muy ligada a la cultura nacional y cosechando admiradores en todo el mundo, murió el 30 de septiembre de 2020. Sin embargo, ese registro biográfico no agotó la fuerza de su obra, que sigue vigente en el descubrimiento de las nuevas generaciones que llegan a ella gracias al legado familiar o a la cercanía y multiplicación de las redes sociales.

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Mafalda, su personaje más emblemático que se convirtió en un referente de la memoria social y política nacional, se publicó por primera vez el 29 de septiembre de 1964 y cuestionó a niños y adultos con irreverencia en el lucha contra la discriminación, la injusticia y la hipocresía. Amaba a The Beatles, defendía la democracia, los derechos de los niños y la paz. “Mafalda se pregunta por el mundo y los males que no se corrigen. Ella hace las preguntas que todavía me hago ahora como adulto, quería decir a través de ella lo que vi mal y tenía que corregirlo. Hablo poco, por eso elegí el dibujo para expresarme.”, dijo Quino sobre lo que lo cuestionó al momento de crear el personaje. Pasaron los años pero lo que “vio mal y hubo que corregir” sigue igual en gran medida. ¿Cómo se lee hoy la obra de Quino? Y más allá de la vigencia del mensaje, ¿cómo reciben esas viñetas las nuevas generaciones?

julieta Colombo es, además de sobrina y legatario de Quino de su trabajo, uno de los encargados de gestionar las cuentas del dibujante en las redes sociales. El caricaturista llegó a saber que seis millones de personas lo siguieron en Facebookpero la cuenta en Instagram se abrió después de su muerte. El usuario @mafaldadigital fue certificado por Instagram y ya tiene 738 mil seguidores que con likes y publicaciones compartidas agregan una nueva dinámica de circulación a su trabajo. “Las cuentas en las tres redes se manejan con el mismo criterio y estética. Mafalda nos guía pero buscamos dar visibilidad a toda la obra de Quino”, dice Colombo sobre el funcionamiento de la cuenta desde la que se comparten extractos de entrevistas al autor, reflexiones de otros autores sobre Quino, historietas, frases y hasta monumentos de Mafalda alrededor del mundo.

“La vigencia de su obra tiene que ver precisamente con su esencia, nada de la idiosincrasia del hombre puede pasar de moda”, reflexiona Colombo en diálogo con Télam y acepta que el relato en Instagram permite difusión masiva de la obra de Quino entre las nuevas generaciones, más familiarizadas con disfrutar del consumo cultural a través de las redes sociales.

En cuanto a la interacción, los responsables de la cuenta se dispusieron a contestar todos los mensajes y estar atentos al ida y vuelta, algo que Quino hacía de manera “analógica” antes de que existieran las redes. “Para él, el vínculo con los lectores fue muy importante. No es una frase inventada. Hay mucha gente que nos cuenta que tiene una anécdota con él, un dibujo, una carta. Se tomó el tiempo para responder a todos. Nos gusta honrar esa costumbre ida y vuelta que cultivó”, dice la sobrina del autor.

Isabel la historiadora Cosse, autor del ensayo “Mafalda: historia política y social” (Fondo de Cultura Económica), considera que “aquellos temas que son más duraderos como un mundo en conflicto, la desigualdad y la condición de la mujer surgieron en los años sesenta o eran temas que hacen referencia a la condición humana, atemporales”. Para el investigador, La obra de Quino ha dialogado de forma muy dinámica con los lectores de distintas épocas porque han sabido resignificarlo desde diferentes inquietudes o intereses.

“En este momento, creo estamos ante una lectura latinoamericana en el que Mafalda está muy anclada en la lucha feminista y eso se nota en la circulación más masiva de una Mafalda con la boca abierta, el grito y el reclamo. Quino decía que si se seguía viendo a Mafalda es porque los problemas seguían ahí. Si bien esto es cierto, también hay que considerar los recortes que el periodismo, los editores, los lectores y el propio Quino hicieron durante su vida y, en ese acto, se encargaron de mantener viva su producción. No es una relación tan común con el trabajo”, analiza la investigadora del Conicet-Universidad de Buenos Aires y del Idaes-Universidad Nacional de San Martín.

Para Cosse, las nuevas generaciones llegan a Quino de una manera diferente. “Ahora se lee de forma asíncrona. Buena parte de las nuevas lecturas de Mafalda se hacen desde la red y de forma muy fragmentada. Entonces, los significados son muy diferentes y están atravesados ​​por la dinámica de las redes”, explica, aunque señala que tal como sucedió en los años 80 o 90, La obra de Quino sigue suponiendo un canal de transmisión intergeneracional. “Aún hoy es una lectura introductoria para familias de clase media y clase trabajadora que defienden cierta reivindicación de ideales rebeldes y críticos. Para muchos, Mafalda es algo a transmitir en la socialización familiar”, sostiene.

El historiador también encuentra innovadora y moderna la forma en que Quino construyó su autoría, estuvo presente a pesar de ser tímido y de haber creado un personaje con una especie de vida propia. “Su voz y sus intervenciones siempre fueron limitadas pero notables”, define. Generó una complicidad honesta y directa con sus lectores., que incluso podría considerarse conciso o escaso para el nivel de popularidad de su obra. Pero fue una intervención coloquial que fue muy profunda. Quino utilizó su intuición y una observación de la realidad muy intuitiva y logró cuajar eso en viñetas que hoy lo trascienden”, concluye.

Ana Clara Pérez Cotten | Télam


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