Una investigación pone al descubierto una extraña industria xenófoba

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“Racismo en venta” es el título de la nueva investigación de la BBC África sobre la industria china de “mensajes de video personalizados”. Cortometrajes rodados en África, a veces con niños, vendidos a empresas o particulares. Los autores denuncian una verdadera “pornografía de la pobreza”, a menudo teñida de racismo. Un sector que estaba floreciendo hasta hace unos meses.

Por Stéphane Lagarde, corresponsal de RFI en Pekín

Estos videos cortos de unos treinta segundos explotaron entre 2018 y 2020, y ahora están mucho menos presentes en la red Douyin, la versión china de TikTok. Pero no han desaparecido del todo, como demuestra este mensaje de africanos musculosos y sin camiseta que desean que en un complejo residencial del distrito de Putuo de Shanghai no se produzcan casos de Covid-19 entre sus residentes y se produzca una rápida salida de la contención.

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“Diablos negros”

Empresas, personas que van a casarse o que celebran la entrada de su hijo en la universidad, e incluso estrellas del mundo del espectáculo, encargan este tipo de vídeos personalizados, a menudo con la misma sinopsis: un cartel con caracteres en mandarín en primer plano, y grupos de africanos que bailan, cantan o entonan palabras chinas que no entienden, con un telón de fondo de palmeras o los muros de barro de las aldeas de África.

Para desarrollar su investigación, Celina Runako parte de un clip de febrero de 2020, cuando el mundo estaba pendiente de la pandemia que acababa de descubrirse en China. En él, los niños africanos repiten ante la cámara: “Soy un hey gui”, “monstruo negro” o “diablo negro” -el equivalente a la palabra negro en mandarín- y “tengo un coeficiente intelectual muy bajo”.  Un mensaje que va en contra del discurso antirracista y de la ayuda a los países en desarrollo que promueve China.  Durante un año, la periodista de la BBC siguió el rastro de los píxeles a un tal Lu Ke, conocido localmente como “Susu” – “tío” en chino-, a pesar de que sólo tiene veinte años cuando graba hasta 380 vídeos al día con niños en una aldea de Malawi. Estos vídeos se vendían entonces por entre 10 y 70 euros.


Racismo y censura

“Hay algo intrínsecamente siniestro en ir a África y arrojar monedas a personas menos privilegiadas que tú y pedirles que hagan lo que tú quieres”, escribe la reportera en un texto que acompaña a su película publicado por News24.

Además de un próspero negocio a costa de los pobres, el documental de la BBC denuncia el formateo de las mentes de quienes ven estas imágenes de la humanidad reducida a la condición de “gente bailona, sonriente y obediente con propensión al robo, la mentira y el comportamiento inmoral”. 

La cuestión es también por qué, en una Internet tan filtrada como la de China, el racismo puede escapar a la censura: “la ironía es que ahora tenemos que recurrir a los censores para que nos hagan justicia”, señala Alexandria Sahai Williams en Twitter. La periodista de DW trabajó una vez para una empresa de streaming en China. Señala que hay una “enorme máquina de hacer dinero” detrás de estos videos que, si no se controla, podría volver a despegar en el futuro.  

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